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Ser niña

¡Qué maravilloso es ser niña, pero también es prioritario cuidarlas y protegerlas! Ellas reflejan pureza e inocencia y son la esperanza de un futuro lleno de promesas.

Nuestras abuelas denominaban "niñas" a las mujeres que no habían contraído matrimonio y como se habían mantenido vírgenes hasta morir "como niñas", las enterraban vestidas de blanco, como tributo a su virtud.

Es prioritario proteger a los jóvenes, pero mucho más a las niñas, futuros pilares de los hogares, que serán los fundamentos de sociedades sanas, forjadoras de ciudadanos ejemplares. Se ha comprobado que quien educa a una mujer, educa a una generación.

Puede así considerarse beneficiosa la campaña POR SER NIÑA, que actualmente se desarrolla en el país, invitando a los ciudadanos a contribuir para dar becas a miles de niñas que por no tener acceso a la educación, carecerán de las herramientas necesarias para salir de la pobreza. Sin embargo, pese a las buenas intenciones que presenta la publicidad, se perciben ciertas contradicciones en algunos de los componentes del programa.

El patrocinador de Por Ser Niña, Plan País, desarrolló hace unos meses como parte de sus programas de salud sexual y reproductiva, una campaña de reparto de preservativos y anticonceptivos. Parece contradictorio que se pretenda iniciar a las niñas al sexo, justificado como "sexo seguro" porque les evitará embarazos, cuando automáticamente están perdiendo su condición de niñas. Y es bastante lógico que si desde su adolescencia están sexualmente activas, aunque no queden embarazadas, es inútil premiarlas con becas de estudios, porque no van a perseverar y superar los obstáculos que encontrarán en el camino, al faltarles la educación de la voluntad.

Para que disfruten su condición de niñas, con las ilusiones propias de esa etapa de la vida, deben comprender la importancia que tiene su formación académica, por lo que el programa debe incluir la educación en valores y virtudes. Que reciban una correcta información sexual, para conocer su cuerpo y sus funciones, y aprendan a valor su dignidad como mujeres. Convencerlas que las relaciones sexuales son un regalo de Dios para el hombre y la mujer, permitidas dentro del matrimonio, cuando tengan plena consciencia de la responsabilidad que trae consigo, como un acto consciente y voluntario, fruto de la madurez, que conlleva plenitud, seguridad y estabilidad.

Nuestras autoridades de salud han despreciado la educación en valores, la importancia de la continencia, considerando la adolescencia como la etapa de aprender a esperar, para prepararse en el plano físico, humano y profesional, para el ansiado momento de poder escoger a la persona que reunirá las condiciones necesarias para formar una familia estable, donde los hijos, en un ambiente feliz, se conviertan en ciudadanos ejemplares.

Hasta el momento, los programas desarrollados por el MINSAL, auspiciados por la ONU y organizaciones afines, han insistido en repartir preservativos y anticonceptivos a granel, lo que ha hecho que nuestro país ocupe los primeros lugares con embarazos adolescentes.

La figura de la exministra Dra. Rodríguez, una de las mayores promotoras de legalizar el aborto y los programas de salud sexual de la ONU, que aparece como modelo en los mupis promoviendo la campaña SER NIÑA, parece confirmar que uno de los resultados del programa será que las beneficiadas dejen de ser niñas, aprendiendo el uso de anticonceptivos para evitar embarazos precoces, pero convirtiéndolas en candidatas a la promiscuidad, ya que en la adolescencia resulta casi imposible la fidelidad a una sola pareja. Y en estas condiciones, no es posible esperar que logren sacar el bachillerato y menos aspirar a educación universitaria.

*Columnista de El Diario de Hoy.