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Septiembre y sus peligrosos martes

Durante buena parte del 2001, las mañanas de los martes y jueves fueron especiales para mí. Esos días asistía a una clase programada inusualmente temprano, considerando los estándares tradicionales de los horarios de asignaturas impartidas dentro de los programas de maestrías. La materia fue una de mis preferidas, no sólo por su contenido sino por la particular forma en que el profesor la impartía. Inicialmente, me atrajo el detectivesco nombre de la materia: Criminalística avanzada. El objetivo principal del curso era que el estudiante comprendiera a profundidad diferentes técnicas empleadas para el estudio de evidencias en el contexto de investigaciones criminales y, además, conociera los hallazgos arrojados por las exploraciones académicas relevantes, vinculadas a la temática.

La clase, como era de esperarse, involucraba un excesivo uso del proyector del salón para mostrar, discutir y analizar videos e imágenes de escenas de delitos, lesiones en los cuerpos de víctimas, armas utilizadas en crímenes y muchas otras cosas similarmente cautivantes. Sin embargo, lo más entretenido de la materia era el humor negro con el que el catedrático adornaba su contenido y trataba de interrumpir el incómodo ambiente generado por algunos hechos analizados, en extremo repulsivos.

El doctor Korh, sin lugar a duda, fue uno de mis profesores preferidos. Delgado y con un bigote abultado, de esos prototípicamente utilizados por vaqueros en las películas antiguas del viejo oeste, fue una de las primeras personas que me enseñaron esa peculiar forma de lidiar con situaciones frecuentes en el marco de la criminalidad y la seguridad pública. Siempre que he regresado como catedrático o conferencista invitado a mi antigua universidad, he buscado saludarlo para intercambiar un par de palabras y recordar así su clase.

El martes 11 de septiembre de 2001, precisamente estaba recibiendo la materia del doctor Korh cuando sonó mi teléfono celular e interrumpió el hipnótico trance en el que su catedra nos había hecho caer a todos sus estudiantes. El escandaloso sonido rebotaba en las paredes del salón mientras yo, avergonzado por haber olvidado ponerlo en modo de silencio, trataba de encontrarlo en mi mochila. Cuando al fin lo saqué, volví a ver por reflejo al doctor y él, con el modo amable que lo caracteriza, asintió con su cabeza, indicándome que contestara afuera.

Salí rápido y atendí la llamada. Era un amigo que vivía en Luisiana, quien, impactado por la noticia, hablaba para contarme que dos aviones recién se habían estrellado contra las Torres Gemelas en New York. La clase terminó en medio de su corto relato. Colgué, entré a traer mis cosas y subí a mi oficina en el Departamento de Criminología. Me encontré, en la sala de reuniones, a varios catedráticos viendo las noticias en CNN, entre ellos el doctor Hamm, reconocido experto en grupos extremistas y terroristas. Después de unos minutos, todos llegaron al consenso que, según los detalles revelados hasta ese momento, el incidente no era fortuito, sino un acto de terrorismo muy bien planificado.

Los ataques de ese día marcaron un punto drástico de inflexión para los sistemas de justicia penal, inteligencia y seguridad de varios países. El abanico de amenazas internas se amplió y, en consecuencia, inició un proceso de revisión, evaluación y reforma, para enfrentarlo de manera más efectiva y eficiente. Esta semana (nuevamente en día martes) me di cuenta que Estados Unidos lideró el inicio de una campaña militar en contra de los grupos terroristas ISIS y Khorasan. Las autoridades militares norteamericanas, al frente de una coalición de países, explican que dichas organizaciones activamente han buscado reclutar personas de procedencia occidental para ejecutar actos terroristas en América y Europa. Ante este contexto, es evidente que la presente realidad propiciará aún más cambios en abordaje de amenazas internas en las naciones que corren más riesgo y, por tanto, interesantes cambios en aparatos de seguridad e inteligencia a los que tenemos que estar atentos.

*Criminólogo.

@cponce_sv