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Sentido común para un nuevo país

Nos inculcan que la riqueza debe ser “distribuida”. Falso. La riqueza debe ser CREADA, porque la que existe ya tiene dueño. Por eso, progresaremos, social y económicamente, cuando rechacemos la prédica del odio de clases

Leí el artículo de Diego Echegoyén Rivera (http://www.elsalvador.com/articulo/editoriales/los-salvadorenos-que-nacieron-despues-1980-90744) en el que expresa: “¿Cómo motivar la sana ambición y las ganas de estar mejor? Esa pregunta debería ser una materia en las escuelas y una estrategia presidencial obligatoria”.
 
Comparto esa posición, añadiendo que igualmente los Diez Mandamientos de la Ley de Dios deberían ser materia, desde parvulario hasta los posgrados. Esto inculcaría una conducta de respeto –propio y hacia el prójimo– de la que ahora carecemos, con los violentos resultados que vivimos. 

También se deberían estudiar aquellas máximas de sentido común y efectividad comprobada que, desafortunadamente, no practicamos. Como el conocidísimo decálogo de Abraham Lincoln: “No puede crearse prosperidad desalentando la Iniciativa Propia. No puede fortalecerse al débil, debilitando al fuerte. No puede ayudarse a los pequeños, aplastando a los grandes. No puede ayudarse al pobre, destruyendo al rico. No puede elevarse al asalariado, presionando a quien paga el salario. No puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana. No puede promoverse la fraternidad, admitiendo e incitando el odio de clases. No puede garantizarse una adecuada seguridad con dinero prestado. No puede formarse el carácter y el valor del hombre quitándole su independencia e iniciativa. No puede ayudarse a los hombres realizando por ellos, permanentemente, lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos”.
 
Y el doctor Adrian Rogers, en 1931, dijo: “No se puede establecer la libertad del pobre, sobre la base de dejar sin libertad al rico. Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo... otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo. El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso, mis queridos amigos, es el fin de cualquier nación. No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”. 

Además, Ayn Rand, en “La rebelión de Atlas”, nos alertó: “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”.

Nos inculcan que la riqueza debe ser “distribuida”. Falso. La riqueza debe ser CREADA, porque la que existe ya tiene dueño. Por eso, progresaremos social y económicamente cuando rechacemos la prédica del odio de clases y se nos inculque el amor al estudio, al conocimiento, al trabajo, a la Patria. Cuando cada familia disfrute de la riqueza creada por su propio esfuerzo.

Ojalá que esto se comprenda para construir “El país que viene”, que actualmente es solamente un valioso libro escrito con la visión de 40 jóvenes, pero que, muy pronto, deberá convertirse en una realidad.


*Columnista de El Diario de Hoy.