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Señor Fiscal: ¿y la bebé raptada?

Como salvadoreños, estamos obligados a apoyar a estos padres y debemos exigir al Estado que este terrible caso no quede sin resolverse.

Como padre, jamás imaginaría que mis hijos corren el peligro de ser privados de libertad cuando los llevamos a una cita con el pediatra. Sin embargo, para algunas familias salvadoreñas, esta pesadilla ha sido una realidad. El pasado 2 de febrero, los padres de Maryory, la bebé que a sus dos meses de edad fue raptada en una clínica de salud en San Salvador, acudieron al Fiscal General de la República para exigirle que, en virtud de su obligación de promover la acción de la justicia y dirigir la investigación del delito, redoble los esfuerzos para encontrar a su bebé. Según dieron a conocer a través de diversos medios de comunicación, una mujer se aprovechó del estado de salud en el que se encontraba doña Graciela, madre de Maryory, por la reciente cesárea que había atravesado, y sabiendo que no podría correr detrás de ella, se ganó primero su confianza para luego pedirle que le dejara sostener a la bebé; una vez que la tuvo en sus brazos, se fue rápidamente, sin que nadie socorriera a la angustiada madre. Por este motivo, doña Graciela pidió al Fiscal General que se investigue también al personal de esta clínica de salud pública, para descartar su involucramiento con el condenable hecho.

Esta no es la primera vez en la que raptan a un bebé en una clínica de salud pública. El 18 de febrero de 2014, una mujer se llevó a un bebé de siete días de nacido, de la unidad de salud de Apopa. La madre, al igual que doña Graciela, llegó al centro asistencial con su bebé, sin la compañía de nadie más. Una mujer, al verla débil de salud, con mareos y un fuerte dolor de cabeza, se acercó a ella y le dijo que “la iba a ayudar”. De repente, salió corriendo. Por fortuna, el recién nacido fue localizado por la FGR cuatro días después del rapto. La culpable fue condenada a cinco años de prisión.

Sin embargo, para los entristecidos padres de Maryory, han transcurrido ocho duras semanas sin saber nada de su bebé. En la conferencia de prensa en la FGR, el padre de Maryory leyó la carta que presentaron al Fiscal General, la cual expresaba: “El pasado diciembre, mientras muchas familias salvadoreñas disfrutaron de las fiestas de Navidad y año nuevo, nosotros estuvimos en nuestro hogar, preguntándonos desesperadamente dónde está nuestra bebita, y si le están dando los cuidados que requiere, debido a su tan temprana edad… Esto podría repetirse con cualquier madre salvadoreña”. Doña Graciela, por su parte, cuestionó: “¿Cómo es posible que el Gobierno esté de brazos cruzados? A estas alturas ya deberían haber puesto cámaras de videovigilancia en todas las unidades de salud, porque la verdad podríamos estar ante un caso de trata de personas”.
 
En efecto, el 21 de diciembre de 2015, según dio a conocer este medio de comunicación, los padres de Maryory acudieron a la Procuradora General de la República, para pedirle su intermediación en el caso. ¿Cuántas puertas deberán tocar estos padres antes de que el Estado cumpla con su obligación de garantizar los derechos de Maryory y la devuelva con sus padres? No quisiera pensar que solo los bebés que son intercambiados en hospitales privados merecen la atención de toda la población y del Estado. Como salvadoreños, estamos obligados a apoyar a estos padres y debemos exigir al Estado que este terrible caso no quede sin resolverse. Ojalá pudiéramos recuperar el espíritu que nos unió, en los noventa, para pedir el pronto regreso de Andrés Suster.

Finalizo haciendo propias las palabras de los padres de Maryory: “No podemos permitir que El Salvador se convierta en un país en el que cualquier persona puede entrar a una unidad de salud, y simplemente tome a un bebé y se lo robe. Este será el mensaje que se enviará, si no dan con el paradero de Maryory”. Entonces, señor Fiscal: ¿a la bebé raptada, cuándo la van a encontrar? Los padres de Maryory merecen una respuesta.
 

*Abogado e investigador.
@Arevalo_Rengifo