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Semana Santa y literatura

Sobre estos días sacros, que otros ignorarán o despreciarán marchándose a las playas, unos amigos me piden libros, libros sobre la pasión de Jesucristo. La verdad es que las personas que mantienen viva su fe cristiana, que la viven todos los días y en toda época, no necesitan que yo les oriente sobre libros que traten con profundidad este misterio de amor de Dios hasta la locura de amor de su muerte en la cruz. Mucho mejor podrían aconsejarme ellos a mí.

Pero también es cierto que para mucha gente con una fe tibia, mortecina, o para los que no tienen fe alguna, leer un libro sobre la pasión de Jesús puede ser la ocasión de un giro en U de su vida y un encuentro inesperado con una luz que, poco a poco o repentinamente, se enciende en su alma, revelándole profundidades religiosas hasta entonces escondidas a sus ojos y a su corazón.

¿Acaso no han comenzado muchas conversiones, de trascendencia histórica para la humanidad, leyendo un libro? Así fue con Agustín de Hipona; así fue con Íñigo de Loyola. ¿No podría ocurrir que alguna o alguno, descansando de vacaciones en la orilla soleada del mar, en un momento de aburrimiento, abriera uno de estos libros y ya no lo soltara hasta acabar? También podría ser que lo empezara a leer para acallar su conciencia, que le susurra que estos no son los mejores días para placeres estivales, cuando Cristo, bajo su cruz, arrastra su agotamiento casi infinito en su camino hacia el Calvario.

Teniendo en cuenta esa posibilidad me animo a mencionar, sólo cuatro libros, de los muchos que podría indicar.

Comienzo por VÍA CRUCIS, de Josemaría Escrivá de Balaguer, hoy Santo de la Iglesia. Hay muchos libros buenos sobre el Vía Crucis pero de este dice Mons. Álvaro del Portillo en el prólogo que "cuando San Josemaría animaba a los cristianos a seguir los pasos de Jesús por la Vía Dolorosa y a meterse en las llagas de Cristo Crucificado, «no hacía más que comunicar su propia experiencia, mostrar el atajo que iba recorriendo a lo largo de todo su caminar terreno, que le condujo a las más altas cimas de la espiritualidad. Su amor hacia Jesús fue siempre una realidad tangible, recia, tierna, filial, conmovedora».

Sigo con "Las siete palabras desde la cruz", del sacerdote español José-Fernando Rey Ballesteros. Poco sé del autor. Tiene un blog en Internet que se llama "de un tiempo a esta parte", pero ese libro suyo, leído hace tiempo, sobre esas últimas palabras que Jesús dijo en este mundo, llega a profundidades inesperadas en la meditación de cada una de esas siete palabras. Es un libro que no se olvida y al que se vuelve.

"La amarga pasión de Nuestro Señor Jesucristo", de Ana Catalina Emmerich, religiosa alemana que en determinados momentos de su vida veía --sí, veía--, paso a paso, con detalles exteriores y con la presencia de ángeles y demonios, toda la Pasión. Vio cómo Jesús en la agonía del huerto sufría ante todos los pecados con los que iba a cargar, incluyendo los pecados de personas de la Iglesia. Abarca esa visión desde la Sagrada Cena hasta su muerte crucificado en el Calvario. Ella, enferma en cama por años, no escribió nada; iba dictando lo que había visto al escritor alemán Clemente Brentano. Sus visiones no son dogmas de fe, se puede creer en ellas o no. Pero si la realidad de la Pasión fue así, como ella lo vio, resulta más terrible que lo que leemos en los relatos evangélicos.

Por último "El libro de la Pasión" del sacerdote y poeta chileno José Miguel Ibáñez Langlois. Para entender este libro, escrito en verso libre, y estilo originalísimo, hay que tener cierta cultura literaria y un sentido del humor más cercano al del antipoeta chileno Nicanor Parra que al de Pablo Neruda. He conocido gente muy diversa que lo cuida como joya y lo relee cada nueva Semana Santa.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com