Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

La Semana Santa

Cuando se escucha la palabra "Semana Santa", a muchos salvadoreños se nos vienen gratos recuerdos de la niñez, cuando nuestros padres o abuelos nos decían, ¡no corra!, ¡no escupa!, ¡no juegue!, en estos días no se come carne, sólo pescado envuelto en huevo. Claro que todo ello responde a una tradición que se vino inculcando de generación en generación, hasta llegar a comprender que en la Semana Santa era prohibido casi todo, al menos todo lo que representaba el mal o ciertas agitaciones del cuerpo.

Quizá como una especie de freno moral, servía para que las personas no se descarriaran, pero principalmente la juventud que es y sigue siendo la más vulnerable ante los placeres terrenales, por lo que el mensaje estaba centrado en que la Semana Santa no era precisamente vacaciones o diversión, sino más bien un acto reflexivo de la pasión, muerte y resurrección de nuestro glorioso señor Jesucristo.

De modo que la juventud que creció con principios cristianos, teniendo reverencia hacia la palabra de Dios, tiene otro tipo de cosmovisión, seguramente algunos de ellos deben de ser personas de bien hoy en día. Sin embargo es de entender que no todos los que son expuestos a los principios cristianos, serán buenas personas por el solo hecho de decir que son cristianos. Jesús advirtió sobre esta situación, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega, y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero. (Mateo 13: 24-30).

De manera que no todo el que le dice Señor a Jesucristo entrará en el Reino de los Cielos, sino todo aquel que hace la voluntad de Él. Tampoco se es cristiano por el solo hecho de pasar todo el día en la iglesia. Lo que hace a un verdadero cristiano es la práctica de las enseñanzas de Jesús, el amor al prójimo, el negarse a los placeres de la carne y a todo aquello que representa el mal. Jesús dijo en una ocasión, por sus frutos los conoceréis.

¿Entonces cuáles son los frutos? Es claro que hay muchas personas que desconocen el verdadero motivo de la Semana Santa, por ello piensan que representa diversión, vacaciones, carnavales, sexo libre, bebidas embriagantes, perder la cordura y hasta la dignidad bajo los efectos de las drogas, estas eran las mismas prácticas que hacían los sodomitas, por ello el furor de Dios, subió a los cielos y destruyó aquella ciudad por las prácticas malvadas que realizaban.

No obstante los frutos de un buen cristiano tienen que estar sustentados en imitar a Jesús y en hacer lo que Jesús mandó que se hiciese, visitar a las viudas en sus tribulaciones, tener compasión por el huérfano, ayudar con buen corazón a los menos afortunados, no desperdiciar los alimentos, ya que se debe de tener conciencia que hay personas en el mundo que están muriendo por inanición y con lo que se desperdicia, se pueden alimentar a muchas personas.

Por ello debemos de reflexionar y entender que Jesús entregó su vida para salvar lo que se había perdido, y no seguir perdiéndonos en este mundo con las malas prácticas.

*Catedrático de la Universidad Francisco Gavidia .

Twitter@JaimeRamirezO