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La Selecta: Una historia muy triste

Lo que pasa en La Selecta, es un reflejo del país entero.  No hay liderazgo, no hay rumbo (o proceso, como suelen decir). Todo es una changoneta en medio de una serie de torpes decisiones

En la historia de la selección salvadoreña de fútbol, nuestra entrañable Selecta, hay más derrotas que victorias. Las series particulares contra Guatemala, Honduras y Costa Rica no nos favorecen. En el Istmo centroamericano sólo tenemos supremacía sobre Belice, Nicaragua y Panamá. Y en los últimos años las cosas comienzan a cambiar con los panameños.

Hasta hace relativamente poco La Selecta goleaba a los equipos nacionales de El Caribe. Ya no. Por éstos tiempos, Jamaica, y Trinidad y Tobago han mostrado una notoria superioridad. Haití va por el mismo camino. Y sin embargo, la afición vive en la víspera de cada partido, con la certeza de que el día de la redención ha llegado por fin. 

Pone la piel de gallina ver a decenas de miles de salvadoreños en el Cuscatlán o en un estadio de los Estados Unidos, agitando banderitas nacionales y entonando el Himno Nacional, con un orgullo y un optimismo, superior digo yo, que el de los mismísimos brasileños. Después de tanto fracaso, está comprobado que no hay derrotas, por seguidas que sean, que pueda con ese optimismo y ese orgullo.
 
No siempre la selección salvadoreña ha sido el patito feo. Fue la primera de Centroamérica en clasificar a un mundial de fútbol eliminando a Honduras que venía de derrotar a Costa Rica. Fue la primera en clasificar dos veces. Antes, en un juego que todavía algunos recuerdan, la azul y blanco derrotó a la selección de México, jugando como visitante. 

A nivel de equipos también se escribieron páginas gloriosas, sobre todo en las décadas de los sesentas y setentas. Alianza, Águila y FAS fueron campeones, de lo que hoy se conoce como la liga de campeones de Concacaf. Los tres equipos llegaron a contar en sus filas con jugadores locales de primerísimo nivel. En el Alianza destacaban figuras como Salvador Mariona y el Ruso Quintanilla.

El Águila contó con tres de los mejores centros delanteros del último medio siglo: Sergio Méndez, Juan Ramón “Mon” Martínez y Luis Baltazar “El Pelé” Zapata. Mientras que el FAS contó con el otro gran nueve puro: David Cabrera. Algunos extranjeros de esos tiempos ofrecían un verdadero espectáculo, entre ellos Odir Jacques, Raúl Cazadei, David Pinho y Manolo Álvarez para mencionar a algunos.

 Había también jugadores que destacaron en otras ligas como Norberto Huezo, Jaime Rodrígez y el más grande: Jorge “Mágico” González. Quizá los últimos de esa estirpe fueron Raúl Díaz Arce y Mauricio Cienfuegos.

Ahora estamos en el hoyo. Los principales culpables de haber tocado fondo son, a todas luces, los federativos. Pero no son los únicos. Lo de los amaños fue uno de los más vergonzosos capítulos en la historia de nuestro fútbol. 

Pero lo que los federativos han hecho y están haciendo en esta fase eliminaría del próximo mundial, es increíble, inexplicable e imperdonable. A escasos días de enfrentar a México en el Azteca, hay un desorden en la selección como nunca se había visto. Todo apunta a que pasaremos una vergüenza en ese juego. (Ojalá me equivoque).

No es cuestión de dinero, sino de visión, organización y no pocos dicen que de corrupción. Esto último, por supuesto, habría que probarlo en los tribunales. Costa Rica es un país como el nuestro, con futbolistas con las mismas características físicas que los nuestros y sin embargo, su última participación en el mundial fue más que extraordinaria.

Lo que pasa en La Selecta, es un reflejo del país entero. No hay liderazgo, no hay rumbo (o proceso, como suelen decir). Todo es una changoneta en medio de una serie de torpes decisiones. Pero allí estaremos, durante el partido, pegados a la televisión, con la esperanza de que ocurra un milagro. Y no hablo de una victoria, sino al menos de que no nos metan una goleada.

Con la Selecta estamos, pues, igual que con el país entero: esperando un milagro. Con lo primero es solo deporte. Pero con el país se trata de nuestras vidas y la de nuestros hijos.
 

* Columnista de El Diario de Hoy.