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La Selecta, ¿qué?

Uno podría pensar que al gobierno del buen vivir lo que le hace falta es disciplina fiscal y que por eso es que recurren al código tributario para resolver cualquier problema

La ola de indignación por lo que muchos consideran un exceso por parte de los “divos” de la Selección Nacional de Fútbol se apoderó de los espacios de opinión pública digital en El Salvador. Cualquiera que no hubiera seguido la historia desde el principio habría pensado, solo en base a la indignación que se leía en las redes sociales, que los “inconsecuentes” jugadores estaban exigiendo lujos de emires árabes y no condiciones básicas que los pares en su industria reciben.
 
En un excelente ejercicio de sentido común y coherencia, el periodista salvadoreño radicado en México Orus Villacorta, explicó en la revista Factum por qué la indignación de la afición estaba, más que fuera de proporción, encaminada en la dirección equivocada. Lo que se recauda del negocio del fútbol se reparte de manera desproporcionada al valor que generan los actores que participan del mercado – es decir, quienes generan menos valor, por lo menos para el consumidor que mantiene ese mercado, están recibiendo menos beneficios y es justo que exijan lo que es suyo. 

¿Sabe quiénes tampoco están recibiendo los beneficios que sus pares en otros países reciben, y sin embargo, no han sido exitosos en saber exigir lo que merecen? Los contribuyentes salvadoreños. Y sin embargo, la indignación que despertaron las exigencias de los jugadores de la Selecta, no se compara a la indignación que debería despertar que nuevamente, los legisladores han abusado de la figura de la dispensa de trámite para continuar ahogando a la ciudadanía, esta vez con dos nuevos impuestos.

Uno podría pensar que al gobierno del buen vivir lo que le hace falta es disciplina fiscal y que por eso es que recurren al código tributario para resolver cualquier problema. Hoy es la inseguridad, mañana puede ser la salud, y continúe agregando a la lista el cartón de lotería de problemas que amenazan a nuestro país. Sin embargo, lo que el impuesto del 5% al usuario de telefonía demuestra es que al gobierno del buen vivir los salvadoreños en desventaja económica le tienen sin cuidado. 

Y es que este nuevo impuesto, el de los usuarios de telefonía, es sumamente regresivo – es decir, quienes menos tienen, soportarán lo más pesado de la carga tributaria. Sí, quienes paguen facturas de telefonía más altas, pagarán más. Pero ese es un análisis simplista que olvida que en el país, el 91% de la población tiene acceso a teléfono celular. Para muchos, “la recarga” representa una enorme porción de su canasta básica, lo que significa que una proporción más alta de sus ingresos mensuales en comparación a personas con más medios, será ahora gravada y puesta al servicio de la incompetencia que hemos llegado a tomar como habitual por parte de nuestro gobierno. 

Cualquiera tentado a concluir que tener celular y ser pobre es una falta de prioridades se equivoca también: una de las ventajas de que la competencia en el mercado de la telefonía haya abaratado precios y facilitado el acceso a todos permite que para muchos, el teléfono sea una herramienta de trabajo permitiéndoles amplificar sus ingresos. ¿A cuántos padres de familia, cuya pobreza obliga a vivir en territorios dominados por las maras, una llamada de sus hijos confirmando que llegaron seguros a su destino, no devuelve la paz momentáneamente?

Para ponerle números al asunto: según datos del 2013 de la DIGESTYC del Ministerio de Economía, un 37% de la población está en condiciones de pobreza. Ese porcentaje, gasta alrededor de doce dólares al mes en telefonía. Y debido a la escasez de ingresos, no gasta mucho más en otras necesidades básicas. Puesto que sus ingresos no están aumentando -- ¿y cómo? La inseguridad mata cualquier prospecto de crecimiento económico – simplemente gastarán más, del mismo ingreso, gracias a los paladines de la justicia social que ni siquiera dedicaron tiempo a discutir y debatir este descarado asalto a las familias pobres del país. Esto sí que indigna. La Selecta, ¿qué?.


*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.
@crislopezg