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¡Seis litros de positivismo por favor!

E

l cuerpo humano lleva dentro aproximadamente seis litros de sangre. ¿Qué pasaría si nos hiciéramos una transfusión completa de sangre contagiada con positivismo? Suena una locura, ¿verdad? Los invito a observar y analizar nuestro entorno y a nosotros mismos: ¿qué percibimos? Me atrevo a afirmar que la gran mayoría de nosotros percibe cosas como: suciedad, desorden, caras duras, las "vivianadas" del vecino, las "movidas" de algunos funcionarios públicos o personas, el tráfico en las calles, los "kafres" al volante de los buses, las malas noticias que ocupan los principales noticieros y periódicos, etc.

Me rehúso a aceptar que estemos sumidos en un mar de negativismo... Tampoco es aceptable que muchos de los actuales líderes, de todos los bandos, nos induzcan, con intención o no, a resaltar aspectos en lo que somos diferentes en vez de lo verdaderamente importante: ¡nuestro país!

El Salvador no es un Sahara ni tampoco una Corea del Norte comunista, o una Somalia... Somos un país que tiene un futuro brillante por delante si nos enfocamos en lo que funciona: dejar de pensar en uno mismo y empezar a pensar en los demás, en trabajar para ganarnos nuestros sustento en vez de querer vivir de la limosna del Estado, en preocuparnos por estudiar, en darle la mano al vecino, al amigo, para salir adelante todos juntos y convertir a nuestro país en un país de primera para todos. Recuerdo que hace muchos años, leí en una revista de negocios una entrevista que le hacían al hijo de un empresario salvadoreño que había fallecido recientemente; él hablaba sobre un consejo que su padre le dio y que lo dejó marcado: "Nunca mires a nadie hacia abajo a menos que le estés ayudando a levantarse" ¡Qué sabias palabras!

A lo largo de nuestra historia podemos encontrar ejemplos de proyectos impulsados por la empresa privada y por el gobierno, que fueron exitosos, convirtiéndose en obras emblemáticas, poniendo el nombre de nuestro país en una posición importante. ¿Y por qué antes sí pudimos y ahora pareciera que no podemos?

Aunque da la impresión de que vamos en un barco a la deriva, todavía tenemos esperanza: hemos sido testigos en los últimos meses a través de los medios de comunicación sobre distintos proyectos que están nuevamente impulsando el nombre de El Salvador en el mundo; iniciativas que provienen casi en su totalidad de la empresa privada (pequeños, medianos y grandes). Sin embargo, aplaudimos también iniciativas impulsadas desde el gobierno, a través del vicepresidente de la Republica, buscando un acercamiento, ojalá sincero, entre las partes de cara a sentar las bases para un plan conjunto de crecimiento de largo plazo.

No existe la receta que pueda resolver, por arte de magia, todos nuestros problemas; lo que sí tengo claro es que el cambio debe comenzar desde cada uno de nosotros: debemos pensar en construir en vez de destruir; no critiquemos, propongamos soluciones lógicas y viables; pensemos en el bien común antes que el nuestro, y finalmente tengamos la seguridad que si nosotros cambiamos nuestra manera de pensar positivamente, contagiaremos a nuestro círculo cercano y las cosas irán mejor. ¡Ánimo!, se puede lograr… ¡y lo vamos a lograr!

*Colaborador de El Diario de Hoy.

@tonorodriguezu