Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Seguridad Nacional o ¿Inseguridad Pública?

La crisis económica de 1929 y el estallido de la II Guerra Mundial evidenciaron que la geopolítica era ya limitada para aprehender en su totalidad la complejidad derivada de la mayor interacción internacional y el acontecimiento de las distancias, para todos los propósitos políticos, económicos y militares. (Castillo Tapia, Dic/2000, p. 76).

A partir de aquí se asumió que la Seguridad Nacional de los países dependía fundamentalmente de la integridad territorial y de la Defensa Nacional de la Soberanía y sufrió diversas influencias, principalmente del pensamiento militar francés y del español de la era Franquista y poco después, del pensamiento militar norteamericano, el cual se convirtió en padre de la doctrina moderna de la Seguridad Nacional.

Con el fin de la Guerra Fría, se inició un período de reformulación de la seguridad con crecientes tendencias hacia concepciones alternativas que giraban en torno a la seguridad humana y la seguridad cooperativa, las cuales orientaban sus estrategias a acciones multilaterales.

En Centroamérica, en el marco de las iniciativas de paz, se formuló el modelo de Seguridad Democrática y a nivel del hemisferio la firma de la Declaración de Seguridad en las Américas. No obstante, los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, marcaron un nuevo rumbo tanto en las definiciones de Seguridad Nacional, así como en las estrategias para enfrentar las tradicionales y nuevas amenazas.

En el Salvador aún no hemos logrado comprender ni mucho menos ponernos de acuerdo por diversas razones políticas, ideológicas, económicas, por falta de una cultura de Seguridad Nacional y más bien por falta de voluntades.

Las amenazas a las que nos hemos venido enfrentando los salvadoreños, ya han trascendido de un escenario de la Seguridad Pública a un escenario mucho más amplio y complejo, por más recursos que se podrían empeñar, se irían en un saco roto. Ya no es un problema que podamos solventar sin la participación de otros actores nacionales, regionales y de países amigos, si es que aún nos quedan. Aquí es donde la Seguridad Nacional juega un papel determinante y se vuelve sine qua non.

Entonces nos preguntamos: ¿Cuenta el Estado salvadoreño con un instrumento de Ley de Seguridad Nacional que brinde las garantías de seguridad a la población?, ¿Cuenta el Estado salvadoreño con una Política de seguridad permanente como política de Estado y no de campaña proselitista?, ¿Será que el bono para la Seguridad Pública vaya a solventar las amenazas a las que nos enfrentamos todos los salvadoreños?, ¿Que Estrategia de Seguridad Nacional posee el Estado salvadoreño, que nos permita determinar el rumbo del país?

Mucho se habla de seguridad, aun los que se creen expertos, pero el desconocimiento de la Seguridad Nacional ha imposibilitado la creación de una Estrategia y de un plan coherente que evite la evolución de una crisis insostenible en el tiempo y en el corto espacio que poseemos, generada por las diversas amenazas existentes, llámesele como se le quiera llamar. Nos exponemos a un peligro que atenta a la gobernabilidad, al régimen democrático, al Estado de Derecho y a la libertad individual de las personas.

No contamos con un Sistema de Seguridad Nacional permanente, que integre los esfuerzos y recursos de toda la nación, para su protección y el logro de los objetivos nacionales.

Por lo tanto, la creación de un instrumento de Ley de Seguridad Nacional es un imperativo para lograr una coherente planificación, coordinación, supervisión e integración de esfuerzos institucionales y de país, a través de un sistema dinámico, con miras al logro de la recuperación de la confianza de los ciudadanos salvadoreños, de la seguridad y del desarrollo del país.

*Cnel. retirado. Lic. MAE.