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El segundo periodo de Obama

El presidente estadounidense Barack Obama tendrá este próximo lunes 21 de enero el privilegio que sólo 16 personas han tenido antes que él: juramentar por segunda vez como presidente de la nación más poderosa del planeta. La Constitución de los Estados Unidos permite por una sola vez la reelección, por lo que, libre ya de volver a enfrentar eventos electorales, tiene cuatro años para intentar definir su legado histórico. He visto a través de mi vida al trabajar o interactuar con presidentes, o al leer las memorias de algunos, lo importante que, digamos por asunto de naturaleza humana, se vuelve este tema para ellos al transcurrir el tiempo hacia el final del período presidencial de cada quien.

Barack Obama ha hecho historia al ser el primer presidente afroamericano de la nación estadounidense, y de los pocos que ha sido reelecto con una economía en escaso crecimiento y con millones de estadounidenses, alrededor de un 8% de su fuerza laboral, sin trabajo. Pero el tema del "precipicio fiscal" continúa vigente ya que el acuerdo que al final logró con la oposición republicana más que para reducir el déficit que de manera tan seria amenaza a la economía estadounidense --y por lo tanto a la economía mundial--, permitió ganar tiempo para iniciar 2013. Las visiones que continúan enfrentadas: más o menos gobierno; más carga impositiva versus reducción en los gastos gubernamentales.

Afuera el mundo continúa convulsionado. La red terrorista Al Qaeda, que con sus infames ataques del 11 de septiembre de 2001 cambió al mundo --ya no digamos la presidencia de George W. Bush--, permanece activa, peligrosamente activa en algunas regiones como el norte de África. El Medio Oriente continúa siendo potencialmente explosivo y la posibilidad de conflicto Israel-Irán, como grave ejemplo, permanece más vigente que nunca. Concluyó para Estados Unidos la guerra en Iraq pero persisten los problemas en Afganistán. Y está la gravísima situación en Siria. Volátil se encuentra el mundo, cualquier cosa puede suceder.

Latinoamérica, por paradójico que parezca, creciendo como región --Venezuela y El Salvador los que menos lo lograron en 2013 según los pronósticos de organismos financieros--, representa una oportunidad de intercambio para los Estados Unidos. México, su vecino, con agresivas reformas como los asocios público privados por los que se decanta su nuevo presidente Peña Nieto para la exploración y extracción en nuevos pozos petroleros. Colombia, con las FARC debilitadas y la posibilidad de lograr un acuerdo de paz. Chile, Perú, Brasil. De particular interés para los Estados Unidos debería ser el proveer colaboración a su vecino México en la lucha contra los cárteles, similar a la que le dieron a Colombia.

El tema migratorio, tan sensible en nuestras sociedades por la cantidad de latinoamericanos que a la búsqueda de un futuro mejor se fueron a buscar "el sueño americano", está en el mejor momento de pasar en el Capitolio desde la amnistía general que se otorgó en la década de los Ochenta en la administración de Ronald Reagan. La legalización del status migratorio de millones de latinoamericanos en territorio estadounidense sería punto de mayor unión en el Hemisferio. A nivel doméstico ayudaría tanto a demócratas como a republicanos; a los primeros, porque cumpliría el presidente Obama una promesa hecha a los hispanos. A los segundos, porque demostraría que no son un partido antiinmigrante como tan generalizadamente se les percibe.

En su discurso del lunes veremos qué prioridades tiene el presidente Obama para su segundo mandato; ojalá esté presente Latinoamérica.

*Director Editorial de El Diario de Hoy.