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El secreto del desarrollo

Hay en la sociedad una impresión de que estamos viviendo una época de retrocesos: la inversión está estancada, los servicios sociales del gobierno han colapsado, el país ha caído cerca de cuarenta posiciones en competitividad y libertad económica, y la deuda nacional está por los cielos. El país, que por muchos años se distinguió en América Latina por sus logros en el crecimiento económico y el progreso social, se ha convertido en uno de los que siempre están a la cola en todas las dimensiones. Hay mucho para lamentar en la realidad actual.

Pero también hay signos de sólido progreso en el país. La Sala de lo Constitucional acaba de emitir otra sentencia con serias repercusiones y esta vez, a pesar de que se afectaron intereses poderosos, no hubo dudas sobre la necesidad de cumplirla. Muy al contrario, la ciudadanía, los medios, el gobierno y todos los interesados dieron por sentado que la sentencia tenía que hacerse efectiva aun entre los que se sintieron negativamente afectados por ella. Esta no es la reacción que provocaron otras sentencias de la Sala en el pasado cercano.

Hace apenas unos meses la Asamblea, el gobierno y varios partidos políticos no sólo trataron de desobedecer sentencias sino trataron también de emascular la Sala, sujetándola, como había estado en el pasado, a las autoridades políticas del país. El hecho que esto ya no suceda, y que ya no suceda porque el pueblo se volcó a exigir el respeto a la independencia judicial enmarcada en la Constitución Política es un avance histórico de una magnitud tan grande como los Acuerdos de Paz. Con estos acuerdos aprendimos a dirimir nuestras diferencias políticas en paz; con la aceptación de las sentencias de la Sala de lo Constitucional estamos optando por vivir bajo el imperio de la ley.

Dicen algunos sabios del Lejano Oriente que los secretos más profundos son aquellos que pueden ser revelados sin que dejen de ser secretos porque nadie los entiende y porque, si alguien logra entenderlos, lo más seguro es que piense que no son importantes. Los únicos que los entienden son los que están lo suficientemente desarrollados internamente para aplicarlos y beneficiarse de ellos.

Eso es lo que pasa con el secreto del desarrollo en los países subdesarrollados como el nuestro. En el tercer mundo la gente cree que este secreto es algo concreto, que es dinero salido de alguna parte, riqueza robada a alguien, y muy frecuentemente, a ellos mismos. En esta línea de razonamiento, creen que los ricos son ricos porque los pobres son pobres y, en vez de luchar por salir del subdesarrollo, gastan su tiempo acusando a los países desarrollados de robarles sus riquezas. Las sociedades capturadas por esta manera de pensar se estancan, a veces por siglos, creyendo que van a desarrollarse quitando a los que tienen.

Pero en algunos casos la gente va comprendiendo que el secreto de las sociedades desarrolladas está en su orden social. Se dan cuenta de que lo hace que personas que no han logrado salir de la pobreza en El Salvador triunfen al emigrar a estas sociedades es el imperio de la ley que allá prevalece, generando un ambiente estable y predecible para el desarrollo de todas las actividades que llevan al progreso.

En esos países el gobierno no promete que todos los negocios de los ciudadanos serán exitosos. Muchos lo serán pero muchos otros fracasarán. Lo que sí promete el gobierno es proteger los derechos a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la felicidad dentro del imperio de la ley. Esto ha sido más que suficiente para que estos países se desarrollen y se conviertan en las sociedades más ricas que ha habido en la historia. Este es el secreto de estas sociedades. Nosotros, al comprender la necesidad de acatar las sentencias de la Sala, estamos comenzando a entender ese secreto que ha estado siempre allí pero que antes no podíamos ver. Ojalá que no lo perdamos antes de haberlo consolidado.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.