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Secessio plebis

Los romanos usaban esta expresión para referirse a varios episodios en su historia en los que la ciudadanía, sintiendo que la clase política había dejado de representar al pueblo, se salió de la ciudad, subió al Monte Sacro y se negó a participar en ninguna actividad de la República. Los senadores se vieron obligado a subir a este monte para negociar con los ciudadanos para que volvieran a sus actividades normales, sin las cuales el imperio no podía funcionar.

Pareciera que El Salvador necesita un Monte Sacro al que los ciudadanos puedan retirarse a exigir a los políticos que trabajen seriamente para la nación. La arbitrariedad, el populismo y la incompetencia han degradado al Poder Ejecutivo, los excesos de vanidad y clientelismo están deformando las actuaciones de la Asamblea, el gobierno está cediendo el control territorial al crimen organizado, y el proceso electoral está dominado por su propio populismo e incompetencia.

En estas circunstancias, un porcentaje alto del pueblo ha encontrado su Monte Sacro a donde puede retirarse, la abstención del voto. Un creciente número de ciudadanos se ha estado pasando al bando de los así llamados indecisos, que son en realidad los que no quieren votar por ninguno de los candidatos actuales. A pesar de haber cinco candidatos estos indecisos representan entre el 20 y el 30 por ciento de los votantes potenciales en la mayor parte de las encuestas.

Con su retiro, estos ciudadanos están protestando contra el poder de las cúpulas de los partidos que se sienten confiadas de que la gente tendrá que votar por lo que ellas les ofrecen, aunque esto sea nada. La idea es que los ciudadanos no tienen ninguna otra opción en el polarizado escenario de El Salvador, en donde las ideologías se han manipulado para que la gente de derecha no pida nada a sus candidatos excepto que sean de derecha, y para que la gente de la izquierda no pida nada a sus candidatos excepto que sean de izquierda. Con el tiempo, esto nos ha llevado a partidos y gobiernos que dicen defender una ideología pero que no ofrecen nada, excepto mediocridad, en sus propuestas y acciones. Es contra esta mediocridad que la población está protestando con su amenaza de alejarse de las urnas. Lástima que no tengamos un Monte Sacro porque era mucho menos riesgoso subirse a él que dejar de votar.

La sensación que tiene el pueblo de estar sujeto a un chantaje de las cúpulas partidarias no es nueva. El mensaje lo ha ido mandando el pueblo de varias maneras y por distintos caminos, pero los partidos políticos siempre vuelven a pensar que otra vez los ciudadanos tendrán que votar por lo que ellos digan. La probabilidad de que no lo hagan ha ido aumentando, sin embargo. Si la gente que medita su voto deja de votar, los que decidirán serán los más fanáticos, los que votan siempre igual aunque los candidatos sean pésimos y aunque no tengan la más mínima idea de lo que hay que hacer para mejorar al país. Los datos de las encuestas muestran que si esto sucede se abriría la única oportunidad que tiene el candidato del FMLN de ganar las elecciones de 2014. Es el peor de todos los candidatos pero tiene un voto duro muy sustancial detrás de él.

La base de esa cultura de "tendrán que hacer lo que decimos" es la soberbia, que califica de traidor a cualquiera que haga ver que, después de casi dos años y a pesar de todas las advertencias vertidas en ese período y desde antes, la campaña sigue estancada y se está abriendo la puerta para que gane el FMLN. En vez de tomar la actitud del avestruz, es tiempo de mostrar seriedad, de ganar credibilidad real con los votantes que se están yendo al Monte Sacro. La responsabilidad que tienen los partidos políticos y los que los manejan es tan grande que el proceso no puede ser dominado por la vanidad del poder. En estas elecciones nos estamos jugando el país.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.