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Sea usted disidente, sea usted progresista

Yo lo soy, me dijo mi curioso amigo don Justo Cabal y Más. Y estoy muy contento por ello. Y a continuación, sin que yo pudiera impedirlo, me soltó el sentido discurso que sigue a continuación.

-Disidente es aquel, dice el diccionario, "que se separa del partido, la religión, el gobierno o el colectivo ideológico al que pertenece, por no estar de acuerdo con su doctrina, creencia, sistema, etc."

-Yo soy un abierto y total disidente contra el establishment y su cultura de la muerte que poco a poco, pero sin cesar, está transformando nuestra civilización cristiano-occidental en algo totalmente antihumano. Soy disidente de su pensamiento políticamente correcto que va siendo, cada vez más, el pensamiento único. No estoy nada conforme con que, si digo que el aborto provocado es un asesinato de un pequeño ser humano, el establishment me acuse de ser un enemigo de la libertad femenina y un torturador que quiere que las gestantes sigan con su torturante embarazo. Tampoco estoy conforme con que se me llame homófobo por decir que la homosexualidad es algo anormal y que requiere curación o al menos compasión para los que la padecen y no motivo de orgullo y de su creciente dictadura intolerante. No estoy conforme con que se me tilde de misógino porque abogo por la "educación diferenciada" como muy superior a la impartida en los colegios mixtos. Soy disidente cuando digo que la "salud sexual y reproductiva" significa todo lo contrario de lo que dice, pues fomenta las enfermedades de transmisión sexual y además trata por todos los medios de que no nazcan niños. Soy tremendamente disidente contra una mal llamada "educación sexual" para niños y adolescentes que fomenta la lujuria y la corrupción moral.

-Menos conforme estoy si alguien pretende que estos criterios míos son propios de un pensamiento ultraconservador y me entra la risa si alguien me tilda de derechista porque hace tiempo que la derecha y la izquierda se juntaron en la cultura de la muerte. En lo económico hay socialistas de libre mercado y capitalistas de Estado. En lo político, sus diputados son parejamente corruptos y en los criterios morales, izquierdosos y derechosos, todos fomentan el relajo sexual, con todas sus variantes e instauran el gaymonio y lesbimonio bendecidos por la ley como matrimonios.

-Conservadora, establecida e imperante, es hoy la cultura de la muerte y todos sus estereotipos, organizaciones, acciones y mandatos tienden a conservarse rígidamente, ahogando toda libertad de pensamiento, palabra y acciones. Todo el que se opone a su imperio es considerado un peligroso antisocial, un terrorista, que de algún modo debe ser castigado.

-Para ser progresista, lo primero es ver hacia dónde se dirige nuestra civilización. Basado en amplios datos, ya expuestos incluso en muchos de tus artículos --me siguió diciendo don Justo Cabal-- vemos que la cultura de la muerte es abiertamente retrógrada, caminando hacia el abismo, pues repite, corregidos y aumentados, los mismos errores morales que causaron el derrumbe y desaparición del Imperio Romano. Entonces, ante eso, yo me declaro progresista entusiasta de una nueva civilización muy diferente, de una civilización cristiana basada en la creencia en Dios, en su único Hijo Jesucristo, que nos ama a todos y cada uno con un amor infinito y misericordioso, nos da las saludables reglas morales del Decálogo y nos anima a luchar con optimismo por el imperio de la justicia, de la libertad responsable, de la honradez, honestidad, lealtad, sinceridad, eficiencia laboral, y solidaridad social. Una cultura que defienda y fomente los matrimonios estables, las familias numerosas y los hijos educados en esas mismas virtudes.

-Anímese --me insistió--; no sea una boca cerrada, unos ojos que no quieren mirar, un comodón conservador que no hace nada ante tanta inmundicia. Sea un disidente progresista. Yo lo soy. Y estoy feliz por serlo.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com