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"Sapo verde tu yu"

Heredo de mi madre la alergia a cumplir años. No tenemos nada en contra de aquellos que les encanta que los feliciten el día de su natalicio, los que en ese día se ponen más tipería que en año nuevo, los que arman tamaños jelengues, sin faltar un gran pastel con el montón de candelas.

La alergia al "sapo verde" es porque cada año nos acercamos más al final de nuestra existencia terrenal. ¡Y la vida es bella, para que dure tan poco!

Cuando después de una vacación, me preguntan "¿descansaste?", la respuesta obligatoria es que no mucho, pues habrá un día en que descansaré para siempre.

Volémosle pluma. Llegar a 90 no es cosa del otro mundo en estos días. Si dormimos 8 horas diarias, lo que equivale a una tercera parte de las 24 horas del día, quiere decir que a los 90, habremos pasado dormidos 30 años. ¡Qué desperdicio!

Cierto, no hay saco de huesos que funcione sin sueño, pero ocho horas diarias es demasiado; entre cuatro y seis, bien dormidas, es suficiente para seguir dando guerra.

Mi mamá se escapa de San Salvador el día de su cumpleaños. Cuando a mí me felicitan, el comentario obligatorio es que hoy no cumplo años, que nací el 29 de febrero.

Dichosos los que cumplen años cada cuatro años, ¡yo estaría en la pubertad!

Lo importante es que me siento como cipote, pues tengo la bendición de ser saludable, de tener una abundante cabellera y de tragar años.

Aunque pensándolo bien, ya ingresé al club de los que les falta menos por vivir de lo que hemos vivido. Eso quiere decir que vemos el pasado con nostalgia, tal como lo hace, y lo relata a la perfección, Luis Salazar Retana en las páginas de este periódico.

Pues ahora, cerca de otro "no cumpleaños", tengo ganas de retroceder en el tiempo, aunque no tan atrás como lo hace don Luis.

Soy "baby boomer" (BB) tardío, razón por la cual, de cipote, la calle era mi canvas de travesuras, mi escuela de vida. Para muchos de los "millenials" (ML), la generación que nació entre 1980 y el 2000, su canvas es una pantalla digital, gracias a la galopante tecnología y a la inseguridad.

Un BB se llenaba de lodo en el monte, montaba mulas, fregaba en los portales, andaba en bus de arriba para abajo, grababa nombres en la penca de un maguey, iba a guerras de mentas Gallito en el cine Caribe, a la Puerta del Diablo, al Flor Blanca, al laberinto, y a la pista de patinaje de los Planes de Renderos. Un ML pasa chateando y pegado a Facebook.

Que levante la mano el ML que ha oído de la Pizza Boom, del Hardees's, del don Pico, de la Plaza Alegre, de las paletas La Colmenita, del Safari, de las pupusas a 7 por el colón, del verdadero sorbete de chorro en la Salud de Sonsonate. No veo manos.

Los ML no creen que la tele era blanco y negro, que la música no se bajaba, que nuestro iPod se llamaba Walkman.

Tampoco que en vez de Playstation jugábamos con trompos, wimbas de capiruchos, chibolas, carreta, piscuchas, de doctor y enfermera, de confesar y dar hostias sin consagrar.

Que además del álbum del mundial, coleccionábamos monedas, mariposas, conchas y paquines.

A que un cipote de hoy se queda en la luna si le preguntamos: ¿"Mato tunco tu tata?"

Lo bueno es que aquí no hay ganadores ni perdedores. Los BB añoramos el pasado. Los ML piensan que la grama es más verde del lado de su cerco.

La moraleja es no desperdiciar nuestra vida, hacer lo que nos gusta, cuidar nuestra salud, y exprimirle el jugo a cada día, durmiendo menos y gozando más.

Y recuerden, cumplo años hasta el 29 de febrero de 2016.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com