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¿Santos o pecadores?

Tanto que en la administración de Mauricio Gutiérrez Castro en la Corte Suprema (1989-1994) los dirigentes de la exguerrilla y ahora partido oficial, FMLN, se rasgaron las vestiduras, se retorcieron echando espumarajos por la boca y alegaron que él era de ARENA y que no se podía permitir más, mediante candados constitucionales, que políticos dirigieran el Poder Judicial.

Pero ser militante de un partido y dirigir el sistema judicial, lo que entonces para ellos era un sacrilegio, con la pena de llevar la marca de Caín o ser borrado de la faz de la tierra, ahora es un "derecho", según ellos mismos.

¡Santas contradicciones!, como le diría Robin a Batman. Resulta que cuando los de derecha que tanto criticaron hacen estas cosas hay que empalarlos como Drácula con sus enemigos en Transilvania, pero cuando le conviene a la izquierda sus pecados se vuelven "blancos como la nieve".

Yo no diría que es una inocente contradicción o el "fruto del análisis y la maduración del pensamiento marxista y la dialéctica científica", como cualquiera de ellos me querría venir a apantallar hablándome fino para convencerme, sino que es una clara doble moral, una falta de coherencia, la esencia del oportunismo.

Porque si me quieren decir que lo que están haciendo "es producto de una evolución", entonces significa que esto los está llevando a hacerse de la derecha que criticaron o la nueva derecha o la nueva oligarquía o "derecha popular" como dicen los burgueses de Gana, y de allí se explicaría claramente el que hayan fundado su propia cúpula empresarial en Alba para competir con la de ANEP.

De hecho, antes ser empresario para ellos era ser un explotador, un oligarca, un insensible, un egoísta que se contrapone al colectivismo, al bien común. Ahora hay que fundar empresas en todos los rubros, para generar riqueza, pero… ¿para quién?

Igual, juraron que "la dictadura militar fascistoide morirá con la revolución ¡Che!", pero ahora no convulsionan porque un teniente coronel sea su baluarte y que hayan tenido que ceder la seguridad del país a jefes castrenses.

Un día se les va a ocurrir que los homicidios también son un "derecho" y la gente se va a comenzar a matar, pero no será un delito porque el partido ya pontificó con toda infalibilidad papal.

Lo que se les olvida es que no siempre lo justo es lo legal ni lo legal es lo justo.

El magistrado presidente podrá desgalillarse alegando que "tiene derecho" de serlo, pero nadie lo dejará de cuestionar éticamente. El otro magistrado de la contraloría mejor entendió por señas y decidió no volver a postularse.

Igual ha ocurrido con la libertad de expresión: han reclamado tanto ese derecho por décadas y llevaron a miles a la muerte como carne de cañón, pero cuando se trata de recibir críticas son la esencia de la intolerancia y llegan a extremos parvularios. Para muestra, otro botón: lo más fácil para el diputado presidente es no dejar entrar a la Asamblea al periodista de un medio que le resulta incómodo y acusarlo de un hecho que sólo testifica uno de los mismos empleados del funcionario. Si ve que tiene en juego su salario y el sostén de su familia, ¿cómo que no va a decir cualquier cosa para agradar a su jefe?

Ahora también, pese a haber jurado cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, se dan el lujo de no dar información de los regalos navideños que repartió la Asamblea ni integrar el Instituto de Acceso a la Información Pública, porque no les conviene que haya un órgano que los obligue a dejar sus movimientos al descubierto.

Lo que me queda claro es que no fueron estos abusos por lo que murieron miles y miles a quienes sublimaron con el sueño de una sociedad perfecta, de obreros y campesinos unidos, de igualdad, de himnos y poses heroicas y de paraísos de rosas rojas y azucenas.

Lo más seguro es que no les gusten estas líneas, pero expresan lo que piensan el hombre y la mujer de a pie, que hacen milagros para que alcancen sus salarios o lo poco que logran de vender de lo que sea; los que no andan en camionetas de lujo ni viajan a Miami o Caracas periódicamente ni tienen plata para tirarla a manos llenas como el albatodo, mientras los nuevos poderosos se dan la gran vida de empresaurios.

Si no me creen, vaya al corazón de San Salvador y pregúntenle directamente a la gente, sobre todo a los que no han comido o no tienen para pagar la casa, la luz o el agua o ni siquiera tienen trabajo.

Allá los esperamos…