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Santos del nuevo milenio

"Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas._Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos._Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sobresalgan en la universidad._Necesitamos santos que busquen tiempo cada día para rezar y que sepan enamorar en la pureza y castidad, o que consagren su castidad.

"Necesitamos santos modernos, santos del Siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo._Necesitamos santos comprometidos con los pobres y los necesarios cambios sociales._Necesitamos santos que vivan en el mundo, se santifiquen en el mundo y que no tengan miedo de vivir en el mundo._Necesitamos santos que tomen Coca Cola y coman hot-dogs, que sean internautas, que escuchen iPod._Necesitamos santos que amen la Eucaristía y que no tengan vergüenza de tomar una cerveza o comer pizza el fin de semana con los amigos._Necesitamos santos a los que les guste el cine, el teatro, la música, la danza, el deporte._Necesitamos santos sociables, abiertos, normales, amigos, alegres, compañeros._Necesitamos santos que estén en el mundo y que sepan saborear las cosas puras y buenas del mundo, pero sin ser mundanos…".

Este es uno de los emotivos mensajes emitidos por el papa Francisco durante la Jornada Mundial de la Juventud, del discurso titulado "Santos del Nuevo Milenio", que se le atribuye al pontífice Juan Pablo II y que Francisco parafraseó.

Me caló mucho otra alocución, que pronunció el primer papa latinoamericano en la Catedral de San Sebastián, en Río de Janeiro, y que rescato porque queda para la historia y es vigente en todos los tiempos, generaciones y religiones para que reflexionemos.

"En este momento esta civilización mundial se pasó de 'rosca', se pasó de 'rosca', porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos.

Exclusión de los ancianos, por supuesto, porque uno podría pensar que podría haber una especie de eutanasia escondida, es decir, no se cuida a los ancianos pero también está una eutanasia cultural. No se los deja hablar, no se los deja actuar. Exclusión de los jóvenes, el porcentaje que hay de jóvenes sin trabajo y sin empleo es muy alto y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo, o sea esta civilización nos ha llevado a excluir dos puntas que son el futuro nuestro.

Entonces los jóvenes tienen que salir, tienen que hacerse valer, los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores, a luchar por esos valores, y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos.

… yo se los pido de corazón a los ancianos, no claudiquen de ser la reserva cultural de nuestro pueblo que transmite la justicia, que transmite la historia, que trasmite los valores, que transmite la memoria de pueblo. Y ustedes, por favor, no se metan contra los viejos, déjenlos hablar, escúchenlos y lleven adelante. Pero sepan, sepan que en este momento ustedes los jóvenes y los ancianos están condenados al mismo destino: exclusión. No se dejen excluir, ¿está claro? Por eso creo que tienen que trabajar.

Y la fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros, es un escándalo, y que haya muerto en la cruz, es un escándalo, el escándalo de la cruz. La cruz sigue siendo escándalo pero es el único camino seguro, el de la cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús.

Por favor, ¡no licuen la fe en Jesucristo! Hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de banana pero, por favor, ¡no tomen licuado de fe!

¡La fe es entera, no se licua, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó y murió por mí".

*Editor subjefe de El Diario de Hoy.