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Salvadoreños, dejemos de celebrar la mediocridad

Lo he dicho antes, y lo vuelvo a decir, los salvadoreños no sólo nos hemos acostumbrado a la mediocridad, sino nos han enseñado a celebrarla. Son muestra de mediocridad los disparates de nuestro presidente ante la prensa regañando a medio mundo y demandando que se cumpla su voluntad. Son muestra de mediocridad las campañas sucias, las guerras de chambres y basura, el espionaje cibernético y los blogs de desprestigio. Es muestra de mediocridad el despilfarro en campañas políticas con mensajes electoreros y vacíos.

Es muestra de mediocridad la guerra de nuestros políticos contra la transparencia y todos los esfuerzos que hacen por esconder sus gastos.

Esta mediocridad no sólo nos han enseñado a celebrarla mediante pan y circo, sino que terminamos financiándola los ciudadanos. Los ciudadanos financiamos no sólo la falta de cumplimiento de sus deberes de nuestros funcionarios, sino también sus excesos y abusos. Los financiamos pagando hasta, sino más del 50% del dinero que ganamos a través de nuestro trabajo y esfuerzo en forma de diversos y numerosos impuestos. ¿Alguien cree que nuestro dinero está siendo utilizado de la forma más eficiente y que se está asignando a las necesidades más importantes? ¿Con qué cara nos vienen a decir que el dinero no les alcanza para las necesidades de los ciudadanos cuando sabemos de los usos inapropiados que hacen de nuestros dineros?

¿Qué tanto tienen que esconder, por ejemplo, en la Asamblea Legislativa? Siguen pataleando los diputados por la insignificante multa que les ha impuesto el Instituto de Acceso a la Información Pública por rehusarse a cumplir lo que la ley les manda y presentar las planillas de los asesores legislativos. Son menos de $700 dólares por diputado, de los aproximadamente $5,000 mensuales que ganan estos directores.

Risible lo insignificante que son las consecuencias que un diputado enfrenta cuando incumple la ley. Peor aún, probablemente nunca paguen ni esto. En el mundo real, el de los ciudadanos comunes, todos debemos responder por la responsabilidad de nuestras propias acciones. Es más, los ciudadanos honestos somos quienes estamos teniendo que pagar por las irresponsabilidades de nuestros políticos. ¿Y los políticos, cuándo pagarán por las consecuencias de sus acciones?

La realidad es que en la Asamblea contratan con el dinero de nuestros impuestos a familiares, activistas, exfuncionarios, dirigentes, periodistas, entre otros. Son pocos los verdaderos asesores calificados que se puedan asegurar que la legislación que se presente en la Asamblea sea efectiva en cumplir los objetivos expresos. Por el contrario, quedamos con una gran cantidad de legislación basura, y varias familias y partidos políticos viviendo de nuestros impuestos.

Salvadoreños, dejemos de celebrar la mediocridad. Démosle la espalda a los insultos, a los chambres, a los ataques anónimos. Démosle la espalda a las promesas vacías, al gasto publicitario electoral, al populismo. Démosle la espalda a toda la basura que asegura que nuestro país se mantenga mediocre mientras los bolsillos de los políticos, sus familiares y sus amigos se mantienen llenos. En vez de celebrar tanta mediocridad, mejor demandemos transparencia. En vez de promover tanta basura, mejor promovamos que nos rindan cuentas. Trascendamos las barreras ideológicas que nos separan para construir un clamor unido por la honestidad y la integridad en la política nacional.

*Colaborador de El Diario de Hoy

@RodrigoMolinaR