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¡Un salvadoreño: Un voto!

La cercanía de la época navideña ha hecho emerger el "Grinch" y el "Ebenezer Scrooge" que el FMLN y GANA llevan dentro, respectivamente, corroyéndoles las entrañas. Estos partidos no quieren que los salvadoreños tengamos, en este fin de año, la certidumbre de cómo votaremos en marzo de 2015. Nos quieren robar el voto, atropellando su igualdad y su peso específico a la hora del conteo. Y para este propósito han encontrado cómplices vergonzantes en la Presidencia de la República y en el mismísimo Tribunal Supremo Electoral.

El asunto no sería tan grave si la negativa, el abierto rechazo, el verdadero terror del oficialismo para dar mayor libertad al votante estuvieran exentos de precedentes. Pero es justo lo contrario. Hoy apenas estamos delante de la más reciente tentativa del FMLN y sus adláteres para bloquear las reformas políticas y electorales encaminadas a restar poder a las cúpulas partidarias y entregárselo, como compete, al ciudadano.

Cuando la Sala de lo Constitucional expulsó las disposiciones legales que prohibían el llamado voto cruzado, corrió el nerviosismo por los pasillos de la Asamblea Legislativa. Digámoslo mejor: ¡Cundió el pánico! Helados sudores bañaron las espaldas de quienes temían enfrentarse a este nuevo paso democratizador. No fueron otra cosa que baratas excusas esos absurdos mitos sobre la "confusión" en los votantes y las limitaciones de tiempo para cumplir el fallo. Lo cierto es que nunca hubo la más ínfima voluntad política alrededor de la nueva realidad electoral, configurada por el incontenible avance de la historia.

Hicieron sus cálculos los partidos y optaron por creer que la sentencia de la Sala les agraviaba. Externaron su disgusto. Patalearon. Volvieron al discurso patético del victimismo. Ofertaron, sin embargo, trabajar en la legislación pertinente. Parecía que iban a tragar grueso, pero que terminarían apurando el "cáliz". Pues no. Siempre no. Cuando la aritmética legislativa probó serles adversa, resolvieron incumplir su tarea constitucional y decretar una espuria delegación de funciones al TSE.

Continuó la decepción en la propia Casa Presidencial, con el titular recuperándose en Cuba y yendo luego a dar su mano a dictadores. Quien estampa su firma, sancionando un decreto violador de la Carta Magna, es el mandatario en funciones. ¡Así funcionan también, a distancia, los golpes arteros contra la estabilidad de unas elecciones decisivas!

¿Y qué hace, en fin, el Tribunal Supremo Electoral, máximo garante de la limpieza y confiabilidad de nuestros próximos comicios? De momento, prestarse al juego, socavando su propia credibilidad institucional. Es imposible que los magistrados ignoren sus nulas facultades para legislar sobre materia tan delicada como el voto cruzado, y menos que consideren moralmente justificables las reformas "a la medida" del decreto transitorio que deja a una mayoría simple las decisiones importantes al interior de la entidad. Por tanto, sin ignorancia que alegar, solo queda la complicidad.

¿Y de qué pretende volverse cómplice el TSE, si finalmente consigue los tres votos que necesita para "desentrampar" las discusiones que surjan entre sus cinco magistrados? De una jugarreta legislativa que podría generar, en la práctica, un desmesurado fraude técnico. Esto ocurriría en virtud del peso específico que la nueva reglamentación electoral le otorgaría al voto por bandera, o por todos los rostros partidarios, en detrimento del voto que los electores decidan fraccionar marcando sobre candidatos pertenecientes a partidos distintos.

La fórmula propuesta por el bloque FMLN-GANA buscaría premiar a los votantes obedientes a sus cúpulas. El voto militante sobre la bandera alcanzaría la unidad sin problemas. En cambio, para los electores que crucen el voto, es decir, para aquellos que se tomen el trabajo de evaluar perfiles de candidatos, contrastar plataformas legislativas y elegir a los mejores diputados, aunque sean de partidos diferentes, el fraccionamiento de las marcas actuaría en su contra. ¡Su voto, a la hora del conteo, valdría menos!

Hay que denunciar con firmeza este descarado intento de restringir nuestro derecho constitucional a la igualdad del sufragio. "Un salvadoreño: un voto". ¡Esa es la consigna!

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.