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El Salvador: tenemos un problema

No sólo somos tocayos de nombre (Carlos), sino que también de apodo (Viejo Lin).

La verdad es que no sé cómo el apodo que heredé de mi padre (Calín) mutó a Viejo Lin. Tengo idea que fue producto del ingenio guanaco, que así me bautizó, cuando ingresé a la categoría "infarto juvenil" (arriba de 40), hace algunos campeonatos de triatlón.

La cosa es que mejor le seguí la corriente a mi nuevo apodo, a tal grado que hasta le estampé Viejo Lin (bien cholotón) en las nalgas de mi traje de competencia.

" Con toooodo Viejo Lin", me gritan cuando el bus le pasa a mi bici .

"Oyyyyyyyy", contesta el Viejo Lin.

Yo, el triatleta Viejo Lin, confieso que no tengo nada qué ver con el líder de la Mara 18 . Doy gracias a Dios que tuve la oportunidad de crecer en un hogar ejemplar, educarme, hacer deporte y trabajar. Lamento que tantos compatriotas no tienen la oportunidad de recibir amor, educación, practicar deporte ni trabajar.

Sin duda la falta de amor, educación, ejercicio y trabajo es la base de la decadencia social, manifestada en cuerpos tatuados de coronilla a canilla , en extorsiones, luto, dolor, lágrimas y en abominables crímenes contra la humanidad.

Lamento también que todo este relajo de la tregua se haya politizado, y llenado de tanto ego ansioso por brillar. Claro que es noble velar por la reducción de homicidios entre pandillas, pero la cosa huele mal desde el momento que, tal si fueran buitres, cayeron encima varios intereses creados.

Mal también huele el protagonismo que han adquirido las pandillas. "Aguanta usté… dicen que van a dejar que los mareros formen un partido ", comenta, en tono burlaenojado, Don Tin el vigilante.

¿Será que el hombre del maletín negro, además de la Asamblea también visitó a mi tocayo y al Sirra? ¿Tendrá este señor las llaves del calabozo? Suena a gato encerrado pues, de repente, las cabezas de la 18 y la Salvatrucha ordenan a sus discípulos guardar cuchillos y "aweitearse" un rato.

Ni lento ni perezoso, el gobierno del "cambio de verdad", aprovecha todo este movimiento de "peace & love", para saludar con sombrero ajeno, asegurando un 52% de reducción de homicidios. ¡Platiquen con la gente!

Pregúntenle a Oscar Serrano (alias Capulina), lo que duele que las maras le hayan segado la vida a su hijo a punto de ser bachiller. Pregúntenle a la niña Betty por qué duerme con el rosario entre sus manos. Pregúntenle a Pamelita, de tan sólo 15 años, quién es el padre de su hijo que está por nacer. Pregúntenle a don Cástulo cómo va a hacer para pagar sus chillos, si lo que vende en la pupusería se lo quita la extorsión.

El Salvador: tenemos un problema. La verdadera tregua que anhelamos es que nos dejen de matar, joder y violar. ¡Queremos vivir en paz!

Que el misterioso "tour" de mi tocayo, quien visitó la capital desde Cojute, y el del Sirra, quien vino desde Barrios, y la inauguración del nuevo ministro de Seguridad, enciendan la luz dentro de un oscuro y amañado túnel.

Tengo que confesar que cuando el presidente Funes, luciendo la nueva vestimenta nacional, juramentó al nuevo ministro, me cuestioné: Juelacha el que se fue, con talla de modelito de Zara, y el que viene, con talla de banquero. ¿Y ahora quién podrá defendernos?

La apariencia no importa. Lo que importa es que tengan aquellos bien puestos. De acuerdo Sr. Perdomo, no es posible que delincuentes condenados por semejantes barbaries, tengan celulares, Internet, conferencias de prensa, visitas de la novia y hasta "city tours".

Los salvadoreños de buena voluntad apoyamos al nuevo ministro y confiamos en que practique, y no sólo predique, su receta en busca de la anhelada paz. Una receta que, para recomponer nuestra sociedad, necesita de mucho amor, educación, deporte y trabajo.

Como decía un expresidente, que quiere volver a ser presidente, que Dios bendiga la tierra cuscatleca. Así sea.

*Colaborador de El Diario de Hoy

calinalfaro@gmail.com