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El Salvador y el síndrome de la rana hervida

Olivier Clerc, especialista en bienestar y desarrollo, escribió en el año 2005 el libro: "La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida". En él, el autor dice que "todo es lenguaje, y todo nos habla". Entre las historias que plantea me voy a referir a la que lleva el título del libro y que me recordó a nuestro país.

La historia cuenta…Imaginen una olla llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. La olla se calienta a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor le produce algo de fatiga y sueño. Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más.

Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la olla. Por otro lado, si hubiéramos sumergido a la rana de golpe en la olla con el agua hirviendo, ella se habría puesto a salvo dando un enérgico salto. "Es un experimento rico en enseñanzas, dice el autor. Nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de veces no provoca ninguna reacción, oposición o rebeldía".

¿Habrá alguna similitud en esta historia con la situación del país? Muchas veces escuchamos a funcionarios públicos hablar astralidades como: "El 80% de las enfermedades se curan solas ", "No hay delincuencia… es pura percepción" o "Hubo sabotaje en las elecciones 2015". Me pregunto: ¿Como asimilamos esas aseveraciones? ¿Nos hacemos los de oídos sordos o hacemos algo al respecto?

Somos un pequeño país sin recursos, expuesto a catástrofes naturales pero con un enorme activo: ¡nuestra gente! Los salvadoreños somos trabajadores por naturaleza; ¿no deberíamos entonces exigir a nuestros gobernantes dejarse de pajas y ponernos todos a trabajar? Hay casos de éxito en el mundo, como Singapur y Suiza, los cuales se pueden emular si contamos con tres elementos: liderazgo, un objetivo claro y el deseo de lograrlo.

Habiendo participado como vigilante de JRV en las últimas tres elecciones me he dado cuenta que, aun estando nuestra sociedad tan polarizada, todos y sin excepción, deseamos lo mismo: trabajo digno, buena educación, buena salud y seguridad. Si aspiramos que El Salvador sea un país de primera para todos, recordemos la frase del Presidente JFK: "No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué vas a hacer tú por tu país". Es el momento de participar, como sociedad civil, en las decisiones transcendentales que definirán el futuro de El Salvador, no sea que el agua llegue a hervir y entonces sea demasiado tarde.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

@tonorodriguezu