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El Salvador: el país que no me gusta

Es momento que los grandes empresarios, que todos los políticos y la sociedad en general nos unamos para hacer país, para hacer patria, para construir una casa limpia donde todos estemos cómodos

Desde siempre nos enseñan a amar nuestro país, porque es lo único que realmente nos pertenece. Porque nuestro país es esa pequeña o gran porción de tierra donde crece la vida, donde está nuestra esencia y nuestra casa y por tanto, debemos amarla.

Sin embargo yo ya dejé de hacerlo. Ya no quiero a mi país. Pero tengo la plena conciencia que debo recuperar el amor por El Salvador, por eso quiero hacer conciencia, porque este país tiene mucho talento y lo estamos tirando a la basura. Parece que nuestro país se ha convertido en un retrete descompuesto, donde la suciedad no se está yendo por donde debe irse, sino que está quedando estancada y llevándonos de encuentro a todos. Y no nos engañemos porque casi nadie se salva.
    
He decidido escribir porque realmente estoy dispuesto a dar todo mi tiempo para lograr un cambio y dejar de odiar tanto a mi país. Escribo este artículo para exhortar, para invitar, para persuadir a todos los grandes empresarios a que cooperen y generen un ambiente de oportunidades y de crecimiento para todos. Sin importar la posición, el apellido o el lugar de donde vienen. Ya no podemos seguir con el mismo sistema antiguo donde nuestros amigos tienen un espacio porque tienen cuello con nosotros, mientras que el buen talento no lo tiene porque no es de nuestro círculo. No podemos seguir, debemos generar un ambiente de verdaderas oportunidades.
  
No obstante, también es importante invitar a ARENA, al FMLN, GANA y todos los partidos políticos para que continúen siendo diferentes, pero al mismo tiempo a que se unan por una misma lucha contra la corrupción. Es momento que los grandes empresarios, que todos los políticos y la sociedad en general nos unamos para hacer país, para hacer patria, para construir una casa limpia donde todos estemos cómodos.
 
No podemos permitir que nuestro país sea un retrete descompuesto. Nadie ama vivir en esas condiciones. Es momento de dejar nuestras diferencias, de dejar atrás nuestro individualismo y nuestras rivalidades históricas. Ahora debemos unirnos de manera urgente porque el país lo necesita, porque usted y yo lo necesitamos, porque mi familia y la suya también lo necesitan. Es momento que todos nos sentemos en la mesa y nos pongamos de acuerdo y que asumamos retos y responsabilidades. 

Urgentemente debemos limpiar y cambiar ese sistema corrupto, ese círculo cerrado. El país necesita oportunidades, justicia e igualdad. ¿Acaso ustedes aman vivir entre lo sucio? Supongo que no. Por tanto, unámonos y asumamos responsabilidades. Hagamos los cambios necesarios y recuperemos la disciplina.

Empresarios, políticos, ciudadanos salvadoreños y residentes, los reto a que limpiemos nuestra casa y recuperemos el genuino sentimiento de amar a nuestro país.
 

*Colaborador de  El Diario de Hoy.