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Salud mental ante el clima electoral

Leyendo los comentarios que muchos lectores hacen respecto a noticias u opiniones publicadas en los periódicos digitales y blogs reconocidos (no troles), me preocupa aún más la situación de nuestro país. Porque quienes allí se manifiestan, supuestamente tienen algún nivel educativo y económico que les permite el acceso a la tecnología. Sin embargo, el léxico que utilizan, la forma despectiva e insultante con que opinan y el odio que destilan, son propios de seres que ocupan el más bajo nivel de la raza humana. Amparados, claro, en un cobarde anonimato. ¿Qué esperar, entonces, de quienes tienen aún menos educación y recursos que ellos?

Muchos de esos opinantes expresan --vulgar y groseramente-- que tienen sus maletas listas para largarse de "este" país, porque ya estamos perdidos y no hay solución ni futuro para El Salvador. Estoy convencida de lo contrario.

Posiblemente porque nunca me he referido a El Salvador como "este" país, sino como "mi, nuestro" país. El único país que tengo, en el que nací, crecí, me crié, me eduqué, tuve a mis hijos y nietos y al que amo profundamente. Por eso me duelen tanto sus problemas y por eso considero que el lugar de quienes lo amamos es aquí; nuestro deber es defenderlo y procurar, por todos los medios a nuestro alcance, que vuelva por el rumbo correcto para que todos mejoremos.

Y, dado que no somos presidente ni ministro, magistrado, juez, policía, diputado, fiscal o alguien que detente alguna autoridad, ¿qué podemos hacer?

Cosas sencillas, que aporten al orden, la limpieza y la paz.

Ejemplo: contribuir a disminuir la ya exorbitante violencia que nos agobia, manejando no solamente con prudencia, sino con cortesía; no dejarnos provocar, mantener la calma. Al entrar o salir de algún lugar, saludar amablemente, sonreír. Parece una tontería, pero ese detalle puede hacer la diferencia en cuanto a cómo reaccionará la otra persona durante el resto del día.

Para actuar así, debemos conservar nuestra salud mental, para lo que recomiendo, muy enfáticamente, apagar la televisión o la radio durante los programas de los políticos. Y, que conste, este no es un consejo irresponsable, todo lo contrario: invito a mis compatriotas a ser extremadamente escrupulosos a la hora de votar. Y para votar bien, lo mejor es no escuchar ni ver a los candidatos, sino analizar cuál es su conducta, pública y privada. Porque, para salvar a El Salvador, en las próximas elecciones no podemos volver a equivocarnos. Debemos estar conscientes de que ninguno tiene una varita mágica y que, al igual que nosotros, solamente lograrán resolver nuestros problemas con trabajo arduo, tenaz, permanente y haciendo buen uso de los recursos. El que nos ofrece milagros es un farsante, punto. Que no insulten nuestra inteligencia.

Desde hace tiempo conocemos a varios, así que sabemos quiénes son holgazanes o traidores; no cometamos la barbaridad de darles nuestro voto. Y también sabemos de las "vivezas" de otros. Ya no elijamos a diputados que lleguen sin mudada de cambio pero, una vez en el puesto, cambien no sólo de traje, sino también de carro, de casa, de mujer y hasta de nariz. ¡Fijémonos bien, por favor!

El clima electoral es, de por sí, enervante. No permitamos que nos convierta en energúmenos, como algunos que bien conocemos (ya sé en quién está pensando). Cuidemos nuestra salud mental.