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¿Saldrá Grecia de Europa?

El gobierno griego se ha estado comportando en los últimos tiempos de una manera muy errática. El viernes los acreedores de Grecia, representados por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), le presentaron una oferta final de un paquete de asistencia que le permitiría a Grecia cumplir con sus obligaciones financieras de este año, que incluyen pagos casi inmediatos de 1.6 mil millones de euros al FMI el martes pasado, y el pago de cerca de 5 mil millones de euros a tenedores de bono y al Banco Central Europeo en julio.

Este paquete está enmarcado en los acuerdos que se hicieron en 2010-2012, en los que los acreedores asintieron a seguir financiando a Grecia pero con la condición de que hiciera reformas para no seguir incurriendo en déficits tan grandes. Como parte del paquete, los acreedores le perdonaron parte de la deuda a Grecia. De acuerdo con lo decidido en esa ocasión, los acreedores y Grecia revisan cada año cómo van las cosas y deciden lo que se puede hacer para mantener solvente a Grecia, mejorar las probabilidades de que va a reducir su deuda a un nivel razonable y lograr que su economía crezca. El paquete ofrecido por los acreedores en junio era parte de este proceso.

El Gobierno de Grecia se opuso a este paquete diciendo que necesitaba mucho más dinero para poder mantener y aumentar su déficit fiscal, que le hicieran un gran perdón de las deudas y que echaran para atrás muchas de las condiciones que se han aplicado desde 2010-2012. Los europeos dijeron que ya habían llegado a su límite y que no le iban a hacer una mejor oferta a Grecia independientemente de lo que ésta hiciera.

Alexis Tsipras, el primer ministro de Grecia, y su ministro de Hacienda, Yanis Varoufakis, se negaron a aceptar la oferta. Tsipras llamó a un referéndum para este domingo para que "el pueblo decida" si acepta o no la oferta. Esta, por supuesto, es una movida populista, porque la decisión de aceptar o no es en gran medida técnica. Para hacerla racionalmente es necesario hacer largos y complejos cálculos financieros. En el mismo espíritu, el gobierno redactó para el referéndum una pregunta sumamente confusa. El resultado es que muchos de los ciudadanos no saben sobre lo que están votando.

Para complicar las cosas, después de no haber pagado al FMI una cuota que debían haber cancelado el martes, de haber llamado al referéndum y de haber dicho cosas extremas contra la propuesta europea (el ministro de Hacienda dijo que primero se cortaba el brazo que firmar un acuerdo como el propuesto), el primer ministro dijo esta semana que en realidad el gobierno griego estaría dispuesto a firmar la propuesta europea si le hacían unos pequeños cambios, que en realidad serian irrelevantes. Los europeos respondieron que ya habían dicho que no iban a mejorar la oferta, ni en temas irrelevantes. Luego Varoufakis ha repetido que va a renunciar si el pueblo vota que sí hay que aceptar el trato.

El gobierno puede estar cometiendo un error fatal al volver confuso todo el proceso porque si la gente piensa que lo que Tsipras y Varoufaki quieren es salirse del euro o de la Unión Europea lo más probable es que la gente vote por aceptar la propuesta europea. De acuerdo con las encuestas más recientes, el 65 por ciento de los griegos quiere seguir dentro del área del euro y casi todos quieren mantenerse como miembros de la Unión Europea, que les da un estatus que ellos necesitan mucho sicológica y económicamente y los vuelve recipientes de muchas ayudas provenientes de la Unión.

En realidad, aunque el voto sea en contra de la propuesta, Grecia no quedaría fuera de la Unión o del euro. Pero si la gente piensa que sí, van a votar a favor, solo para no salirse de Europa.

Por otro lado, el FMI reconoció ayer que Grecia no puede salir de sus problemas si no se le reduce sustancialmente la deuda, lo cual implicaría que al menos uno de los tres negociadores cree que es necesario modificar la propuesta europea. Todo esto indica que Grecia no saldrá de la Unión Europea ni del euro y que quizás logre un nuevo arreglo.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.