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Un rumor que se convirtió en realidad, el paro al transporte

Un pueblo tenaz, un pueblo que sabe de su responsabilidad, estoico, capaz de cumplir sus objetivos sin importar las adversidades, esto es lo que han mostrado una vez más los salvadoreños

El rumor es poderoso, sobre todo cuando este se riega sin que el antídoto entre en funcionamiento, es decir, la información oportuna, amplia y verídica. El rumor está precedido por uno, dos o tres, y no necesita muchos más hechos contundentes que generen temor y terror. El rumor se transmite de boca en boca y logra alcanzar “veracidad” cuando este penetra al menos en un par de medios de comunicación. 

En la actualidad el rumor suele difundirse por las llamadas redes sociales, sean estas Facebook, Twitter o cualquier otra, sin embargo, siempre necesita obtener la legitimidad que suelen brindar los medios informativos tradicionales.

Estas características del rumor las sufrimos duramente esta semana con el llamado paro o sabotaje al transporte público, amén de que debemos señalar, de manera contundente, el deficiente actuar del gobierno, las autoridades de seguridad que dejaron “crecer y no atacaron con eficiencia” un rumor que, a voces, se venía desarrollando.

Y no me estoy refiriendo a que el Ministro de Seguridad y el de Defensa estaban fuera del país o que el presidente de la República abandone El Salvador en medio de la crisis para un chequeo médico en Cuba; ni tampoco a la tardía actuación del aparato gubernamental, incluso las burdas contradicciones entre un Secretario de Comunicación y un director de la PNC. Me refiero a un punto más de fondo y central, la falta de capacidad para conocer, entender y comprender, un fenómeno social como el rumor, y si no se comprende, mucho menos se puede enfrentar y atacar.

Los especialistas en propaganda conocen el poder del rumor como parte de la llamada guerra sicológica; lo practicaron los nazis, los fascistas pero también los ingleses y estadounidenses cuando han estado involucrados en conflictos bélicos tal como ocurrió durante las guerras mundiales y en la “Guerra Fría”. 

En El Salvador no hay una guerra declarada, ni siquiera existen dos bandos en pugna, lo que hay es un fenómeno llamado maras que ha crecido, que se ha desarrollado y que tiene la capacidad de enfrentar directamente a la autoridad, al gobierno, al Estado.

En tal contexto el rumor es parte de este fenómeno social que se ha venido gestando junto a los crímenes y las extorsiones; no entender esta cuestión nos puede llevar, como ocurrió esta semana, a paros al transporte o a los llamados “toques de queda” en colonias y barrios donde las maras suelen pulular con la mayor impunidad. Recordemos que hace un tiempo el país vivió en carne propia el llamado “toque de queda de las maras” que paralizó gran parte del aparato productivo en la capital y sus alrededores. 

¿Qué es lo que pasó? El pasado fin de semana “moros y cristianos” sabían del paro al transporte; sé que muchos medios informativos conocían de las amenazas, pero no pasaba de ser un rumor, nadie, absolutamente nadie, se atrevía a denunciarlo, tan es así que ni el pasado domingo ni el lunes, ningún periódico, televisión o radio publicó algo al respecto. Eso sí, las redes sociales, estaban infectadas de este rumor, disfrazado de noticia, y que era difundido.

¿Pero, qué hizo que el lunes hubiese rutas de buses en paro? 

La respuesta tiene al menos tres aristas: una, las amenazas directas contra los motoristas, sobre todo para aquellos que, de manera velada o no, tienen que pagar “renta” a los mareros; dos, el asesinato de motoristas, no en forma masiva, peo con suficiente elocuencia para generar temor y terror, y tres, de nuevo tenemos que decirlo, el poco o nulo actuar de las autoridades de seguridad que no fueron capaces de enfrentar la situación directamente, por ejemplo, militarizando las rutas de buses más amenazados, como terminó haciéndolo cuatro días después.

No se necesitaban grandes contingentes de mareros para echar andar el paro; unos cuantos que ejecutaran a motoristas; otros más, los que cobran la renta, que amenazaran y el resto lo hizo la información boca a boca, las redes sociales y la incapacidad gubernamental no solo para garantizar físicamente la seguridad de los motoristas, sino además para informar de manera oportuna e inmediata a la población con el fin de generar tranquilidad.

La dimensión sicológica, el imaginario popular y en general la opinión pública deben ser tratados con seriedad como también se debe garantizar la seguridad física de los salvadoreños; no entender esto nos llevará de nuevo a padecer lo que sufrimos esta semana.


*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com