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Ruleta rusa

El país parece estar jugando ruleta rusa en estos últimos días de la actual legislatura. Está claro que el FMLN ha decidido aprovechar lo táctico al máximo, aunque ponga en riesgo lo estratégico. No importa que deba en el futuro cercano negociar con los diputados de ARENA. No importa que la voluntad popular exija una negociación para definir un rumbo de consenso para el país. No importa que haya decisiones estratégicas en la próxima legislatura para las cuales serán necesarios 56 votos, que sin ARENA no los conseguirán.

En lugar de promover un modelo de gobernabilidad que le ayudara a tener algún éxito a la gestión del presidente Sánchez Cerén, los diputados del FMLN promovieron aritmética legislativa para aprobar todo lo que les interesara y para lo que necesitaban 56 votos. Bien saben que sin negociaciones y acuerdos de país, eso no será posible en la próxima legislatura. Y le apuestan de manera irresponsable a solventar problemas de caja de hoy cuando debería interesarles también, como a todos los salvadoreños, los problemas del mañana.

Mil millones más en endeudamiento y simplemente para pagar gasto corriente. Sin disciplina en el gasto seguirá este gobierno en esta espiral perversa y pronto, muy pronto, estará nuevamente en el hoyo financiero buscando apoyos en ARENA. No puedo creer en actos que rayan en la estupidez. Todos los organismos internacionales y una buena parte de los expertos nacionales insisten en el grave riesgo fiscal en el que ya estábamos antes de los últimos préstamos. ¿Qué cree el FMLN que ganará si sigue viendo solo para un lado sin percatarse del tsunami que se nos viene encima?

Triste sería que los votos que ahora ha conseguido el FMLN hayan respondido a compromisos con los otros partidos para la conformación de la nueva junta directiva de la Asamblea. Riesgos para el país a cambio de prebendas. Si las decisiones de la Asamblea continúan respondiendo a este tipo de intereses, continuaremos a la deriva. Hay una lógica miserable en esta forma de hacer gestión pública. Hay una falta de institucionalidad y de procesos impresionante en todas partes.

Para ponerles un ejemplo risible. Uno espera que en la Asamblea haya 84 oficinas para los diputados que pudieran asignarse por sorteo o bajo otro criterio. Pero no. El desarrollo de las oficinas en el edificio ha permitido que no haya un estándar y que sea más importante la asignación de espacios globales a los partidos políticos que a los diputados. Incluso ya hay oficinas que han sido heredadas. La obligación de un diputado saliente debería ser limpiar la oficina y entregar las llaves. Pero no. La hereda a quien crea conveniente, como si fuera de su propiedad.

Por eso ni me he acercado a la Asamblea. En lo personal creo que sería mejor que las oficinas estuvieran distribuidas por departamento. Aquí están las diez de La Libertad. Todas iguales, con similar distribución de espacios, con lo mínimo para el trabajo diario. Obviamente cada fracción además debería tener algunos espacios para trabajo colectivo y ellos pudieran variar de acuerdo a los partidos políticos electos. Pero esta no es la realidad. Cada oficina se hereda como quien hace un favor con algo de su propiedad. La política de privilegios y favores en lugar de una de responsabilidades.

La propiedad de los recursos es del país y los funcionarios encargados de velar por la institucionalidad deberían hacer un papel más ejemplar. Es responsabilidad de la institución, especialmente de su junta directiva, garantizar que no se viole el derecho a una digna representación con asignaciones arbitrarias de espacio y recursos. Por un lado, el FMLN diezma el erario público con endeudamiento sin fondo como si fuera de ellos. Y por otro muchos diputados negocian con sus oficinas como si fueran de ellos. Basta ya de arbitrariedades. El servicio público necesita seriedad y formalidad.

*Colaborador de El Diario de Hoy.