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La Ruleta del Saber

Hace unos días tuve el privilegio de departir con el tipo del saco y la corbata con la apariencia de profesor, que en realidad es una estrella de la palabra salvadoreña: don Leonardo Heredia

Nunca olvido uno de mis programas favoritos de la televisión de principios de los años 70: La Ruleta del Saber, que se transmitía los martes por la noche en canal 4.

Lo dirigía un señor joven, elegante y estirado, de saco y corbata al estilo de los maestros de antes, de cabello rizado, enclenque, con lentes de grandes aros, con una voz que, aunque grave y elegante, no dejaba de ser juvenil y que rezumaba espontaneidad y seguridad.

Era el tiempo en que los locutores tenían que poseer no solo una buena voz y dicción, sino también cultura general y, sobre todo, mucho tacto y respeto ceremonioso por las audiencias, algo que les falta a algunos ahora; era el tiempo en que la locución y el doblaje de películas era de genios cuya voces quedaban grabadas con las figuras de las estrellas del cine y la televisión como John Wayne o El Enmascarado de Plata.

Hace unos días tuve el privilegio de departir con el tipo del saco y la corbata con la apariencia de profesor, que en realidad es una estrella de la palabra salvadoreña: don Leonardo Heredia.

Acompañados por otra figura del deporte local, el futbolista y periodista Memito Cañadas, pasamos horas enteras hablando de la historia de El Salvador, la época de oro de la locución nacional y el mundo de la radio y la televisión.

Para que lo sepan, jovencitos, don Leonardo fue fundador de la legendaria Radio Femenina en febrero de 1965, la época del go-go, las minifaldas y las melenas al estilo de Los Beatles.

Nuestra plática bogó sobre los tiempos en que era él quien en una viñeta de la RF anunciaba a gritos como cobrador las paradas de la Ruta 4: La Tiendona, Sagrera, etc., mientras una vocecita cantaba sobre una canción de Chris Montez: “Tomé la Ruta 4 en el Estadio/venía oyendo muy contento el radio/La Femenina oía yo y tanto así me emocioné/que cinco cuadras de mi parada me pasé…!”.

Con él hacían equipo grandes virtuosos, para mencionar algunos que hicieron una verdadera escuela de disk-jockeys, como Willie Maldonado, Rolando Orellana, Sergio Gallardo y el inolvidable Tito Carías, el mismo de “me dicen que la cambie, que la olvide, que la deje…”, “de los éxitos peligrosamente buenos” de la desaparecida Radio 10 o el “Club de los Disc-jockeys”. La primera canción que sonó al aire en La Femenina fue “¡Acción!”, de Freddy Cannon, en el primer turno de Willie Maldonado, el mismo de “Juegue, ría y gane” de Canal 2 (con otra leyenda de la radio: doña Aída Mancía), programa que posteriormente se convirtió en “Fin de Semana”.

Para ese entonces, para ser DJ -como les dicen hoy- no bastaba con hacer mezclas y efectos con los vinilos y las consolas como ahora, sino verdaderas locuras creativas, hilarantes y lapidarias.

Pero don Leo iba más allá: eran tales su elocuencia y naturalidad como declamador que se ponía al nivel de poetas o figuras de la radiodifusión mexicana como José Antonio Cossío, Enrique Rambal, Sergio Bustamante, Guillermo Portillo Acosta, Arturo Benavides, Víctor Alcócer o los salvadoreños Guillermo Antonio “Albertico” Hernández, Alfredo Aguilar Umaña y Antonio Lemus Simún, entre muchos.

Hablamos de las historias ocultas y la andanzas y malandanzas de las estrellas de la época como Frank Sinatra, la hermosa Ava Gardner y sus muchos amores, los golpes de Estado del 72 y del 79 y las cientos de veces que sonó la famosa El Blues de San Luis en la Radio Nacional esa noche del 15 de octubre porque los militares rebeldes se la tomaron, cerraron la cabina y dejaron el disco repitiéndose hasta la madrugada.

Recordamos el único Miss Universo que se ha celebrado en El Salvador, en 1975, cuando ganó la finlandesa Anne Pohtamo y la ahora diputada Carmen Elena Figueroa representó al entonces conocido como “El País de la Sonrisa”.

Nada perturba la paz de don Leo. Aunque diga malas palabras, no pierde la elegancia ni la compostura de caballero inglés a lo David Niven. Lo cortés no quita lo valiente ni lo culto, agregaría yo. Todos los de esa época directamente o indirectamente hemos aprendido de él. Confieso que escuchándolo en la radio me llegó la pasión por la poesía, la declamación y la radio.

Ahora aprendemos todavía más de sus vivencias, de sus anécdotas y de su ecuanimidad. En esta ruleta del saber y la vida, don Leo, usted sigue siendo el Maestro.

*Editor Subjefe de El Diario de Hoy.