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La revolución de los “MÁS”

La reducción de la pobreza unida a la universalización de la conectividad y de la libre circulación de la información que ella implica, hace que nuestras sociedades vivan en una era que provoca una rápida transformación 

Los políticos están nerviosos, y con razón, el Tercer Mundo está entrando de lleno  a la revolución de los “MÁS”. Si los pueblos del mundo en los siglos XVIII, XIX y XX vivieron la revolución de las “masas populares”, la situación política del mundo ha evolucionado y se ha transformado en la revolución de los “más”; de esa masa inquieta, espontánea, poco controlable y poco dirigible que surge a partir de la generalización de la clase media en países en los que hasta hace poco era minúscula o francamente desconocida, tal como ha sucedido en Oriente Medio y Latinoamérica.

A finales de los años Setenta, el politólogo de Harvard, Samuel Hunington, afirmó que una de las causas fundamentales de la desestabilización política en los países en vías de desarrollo, es que las expectativas de la población crecían a mayor velocidad que la capacidad de cualquier gobierno para satisfacerlas, afirmación que se sustenta con los análisis hechos por el Banco Mundial, que afirman que entre 2005 y 2008 desde el África Subsahariana hasta América Latina, la proporción de personas que vivían en extrema pobreza (con rentas inferiores a $1.25 al día), cayó por primera vez desde que existen estadísticas sobre la población mundial, implicando con ello que la pobreza se ha reducido, aumentando la clase más peligrosa políticamente hablando: la clase media.

La reducción de la pobreza unida a la universalización de la conectividad y de la libre circulación de la información que ella implica, hace que nuestras sociedades vivan en una era que provoca una rápida transformación de las mismas. La manera que los ciudadanos ven ahora la vida, la religión y los fenómenos sociales ha cambiado y evolucionado, y por su puesto, dicho cambio abarca las esferas en que se mueven los fenómenos políticos tales como capacidad de los gobernantes, eficiencia de la gestión pública, corrupción y cumplimiento de promesas electorales. De una forma cada vez mayor, el ciudadano corriente y más aún los jóvenes, se alejan de las “ideologías” que le permitían a los políticos cierto nivel de tolerancia por parte de sus gobernados, frente a sus procederes erráticos en términos de ejecución de sus funciones públicas.

La ampliación del sector de rentas medias, cuyos miembros gozan de ciertas características tales como ambiciones, conocimiento, conectividad, libertad y alimentos calientes los tres tiempos, les permite “pensar” y ser sensibles ante el fenómeno político. Por ello es que a los políticos les conviene mantener a sus ciudadanos sumidos en pobreza: si tu mente se encuentra constantemente en un estado de “supervivencia”, simplemente no tienes tiempo para pensar en sutilezas políticas y las exquisiteces que la rodean: votas por quien te regala un pan con pollo y punto, no hay preguntas.
 
Así las cosas, la revolución de los “MÁS” no es otra cosa que la “revolución de las expectativas crecientes”, que genera inestabilidad política ya que los gobernados dejan su rol pasivo como sirvientes impotentes del Estado, para convertirse en auditores espontáneos de la gestión pública. No es de extrañar el porqué, en países tan disímiles como Egipto, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil y más dramáticamente Guatemala, los ciudadanos de forma espontánea se toman las calles para exigir de forma pacífica lo que ellos consideran que justamente les corresponde, lo cual va desde honestidad en el ejercicio de la función pública, como sucede en Guatemala y Brasil, pasando por exigir se cumplan las reglas democráticas como fueron los casos de Egipto y Venezuela, hasta exigir que su gobierno les brinde más oportunidades de progreso o mejores servicios públicos, como han sido los casos de Ecuador y Bolivia.

Las necias, miopes, tercas e infantiles justificaciones dadas por los gobernantes, no sirven para aplacar la intensidad, pasión y fuerza centrífuga desarrollada por la revolución de los “MÁS”. De nada sirve acusar a los ciudadanos de ser “instrumentos de la oligarquía”, de nada sirve echarle la culpa a la corrupción arenera, de nada sirve hacer notar que “ellos también robaron”, “ellos también fueron incapaces”. ¿Se soluciona el problema de falta de medicinas en los hospitales por el solo hecho decir que durante los “veinte años de ARENA” existían las mismas carencias? ¿Sirve eso de solución para los enfermos? La corrupción e incapacidad propia no es ni puede ser purgada por la corrupción e incapacidad ajena.

Los gobernantes salvadoreños de todo nivel, deben de aceptar y estar conscientes que se ha producido un profundo cambio en las expectativas de los ciudadanos. La mayoría de los individuos ya no contempla el mundo como lo hacían sus padres o sus abuelos. El ciudadano común ahora es mucho más critico y exigente con sus jefes, su clero, los políticos y los gobiernos. Quizás siempre fue así, pero ahora la natural inquietud de la sociedad y principalmente de los jóvenes se ha potencializado derivado del simple hecho de tener más acceso a recursos, movilidad, conectividad e información. 

Los cambios llegaron y llegaron para quedarse, esta revolución de los “MÁS” ya es imparable, en vez de sofocarla, los gobernantes deberían unirse a ella y juntos trabajar por un mejor país. Este 5 de septiembre puede hacer historia.


*Abogado, Master en Leyes.