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La revolución del “más”…

La revolución del “más” está desgastando las estampas presidenciales y alimenta con fuerza las figuras que sin partido ni un programa de gobierno serio ilusionan a los pueblos ofreciendo resolver con prontitud sus necesidades

Aunque de acuerdo con una encuesta del periódico Reforma el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, registró un leve aumento de aprobación ciudadana del 34% al 39%, un 58% de los entrevistados desaprueba su gestión al culminar la mitad del sexenio. En comparación a la calificación obtenida por los tres mandatarios anteriores, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, el actual inquilino de Los Pinos resulta muy mal evaluado. Al examinar el trabajo de los primeros tres años de administración presidencial, sus pares obtuvieron una cota de rechazo que rondaba entre el 30% y el 40%. 

La crítica pública más dura viene por el lado del combate a la corrupción. El 42% de los entrevistados considera que este mal se ha incrementado mientras que un 66% cree que el presidente ha encarado de manera inadecuada este flagelo. En 2014 la pareja presidencial enfrentó una crisis política cuando la reconocida periodista de CNN, Carmen Aristegui, reveló que la empresa contratada para construir su casa era la misma que años antes fue concesionaria de obras importantes en el tiempo en que Peña Nieto se desempeñó como gobernador del Estado de México.
 
A los mexicanos no les importó la buena imagen nacional e internacional con la que inició su labor en el Ejecutivo el hombre que hizo ganar al PRI después de pasar 12 años en la oposición. El “Pacto por México” que promovió una profunda reforma en el sector energético, así como en los ámbitos político y educativo y en el fortalecimiento del sistema anticorrupción, no fue suficiente para mantener sólida la figura del dignatario como el líder reformista de inicios  del Siglo XXI. Estas acciones del comienzo de su administración cedieron rápidamente ante el mal manejo gubernamental del desaparecimiento de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y por el suceso de la “casa blanca” al que ya nos referimos.

Al gobernante salvadoreño tampoco le ha ido muy bien en su primer año y medio al frente de la Nación. La encuesta publicada esta semana por un periódico de gran circulación señala que el 53% desaprueba la función del presidente Sánchez Cerén y tan solo un 38.1% la avala en el último trimestre. Un 74.4% opina que el rumbo del país es el incorrecto y el 80.9% dice que la situación está mal o muy mal. Por otra parte el 71.2% de los entrevistados identifica a la inseguridad como su principal problema y un 66% cree que Casa Presidencial no está ayudando a resolver este dilema nacional. Igual que en México, la casa encuestadora contrasta la valoración que hicieron los ciudadanos a los expresidentes Antonio Saca y Mauricio Funes durante el mismo período. Al sexto trimestre de su administración ambos obtuvieron un nivel más alto de respaldo que alcanzó 72% y 69.3% respectivamente. 

En su último libro sobre “el fin del poder” Moisés Naim nos habla de la revolución del “más”. Sostiene que hay más personas, países, ciudades, partidos, ejércitos, etc. También hay más habitantes exigiendo transparencia en la función pública y el cumplimiento de promesas electorales. Ahora la gente exige más empleo, más educación, más salud y más seguridad. Lo mismo que más y mejores servicios públicos. El reto de los políticos para satisfacer a la colectividad en pleno Siglo XXI es superior al de otras épocas y cada vez más exigente. Sin importar lo bueno que se haya hecho los electores castigan severamente cuando perciben que se les engaña y que las cosas continúan igual o peor que antes. Ciertamente los casos mexicano y salvadoreño no son iguales. Presentan contextos diferentes y amplias distancias en extensión territorial, recursos, población y situación política. Sin embargo coinciden en un aspecto. La revolución del “más” está desgastando las estampas presidenciales y alimenta con fuerza las figuras que, sin partido ni un programa de gobierno serio, ilusionan a los pueblos ofreciendo resolver con prontitud sus necesidades. Para revertir esta realidad necesitamos más honestidad, más eficiencia, más diálogo y menos, mucho menos extremismos ideológicos.

*Columnista de El Diario de Hoy.