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Revisitando Cien años de soledad

Acabo de revisitar Cien años de soledad, un rito que suelo hacer entre octubre y noviembre de cada año. Es como ir a la casona de mis abuelos, los Perla. Se parecen tanto las historias que se vivieron entre aquellas paredes de la casa de los Buendía en Macondo y la de los Perla en Jocoro. Y siempre me sorprende Gabo el eterno.

Hay pasajes de "Cien años de soledad" que lo hacen a uno chorrear de sudor, en una noche fría, porque García Márquez logra describir, con hipérboles magistrales, el verbo y el adjetivo perfectos, situaciones de dos de la tarde , que se le meten al lector hasta sofocarlo con calor insoportable. O pasajes que le encienden el libido al más casto y abstinente, como aquel en el que Rebeca Buendía, tan esbelta y blanquita ella, se encuentra con José Arcadio, su hermano de crianza, toro que venía de darle incontables vueltas al mundo, con tatuajes hasta en el alma y en otras partes, y hacen el amor feroz a gritos que hicieron temblar las casas y obligaron a los buenos católicos a persignarse con mano temblorosa ante aquel trepidante e incestuoso acontecimiento.

En el "Otoño del patriarca", Gabo describió al típico tirano del Caribe, tan autócrata, tan taimado, tan eterno, tan de verde olivo, tan aferrado, tan odiado, que terminó por parecerse casi como fotografía a su amigo del alma Fidel Castro, sin él saberlo, porque cuando lo escribió Fidel Castro no era lo que hoy es. El modelo había sido un desdibujado Juan Vicente Gómez, dictador de Venezuela. Los puristas del idioma se sienten ofendidos en su corazón pluscuamperfecto, por los constantes atentados en contra del idioma que con el mayor desparpajo García Márquez comete. Pobres. Por vivir pendientes del núcleo y el predicado no le hayan sentido a la portentosa historia de "La cándida Eréndira", las pasiones olorosas a grajo de Pilar Ternera, la profunda melancolía del coronel Aureliano Buendía. Les cuesta imaginar, las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia.

En sus memorias García Márquez cuenta su vida, hasta los 29 o 30 años. Que es la vida de Cien años de soledad y también muy bien la de un tramo denso y alucinante de la historia de Colombia con sus guerrillas, que hoy huelen a naftalina y sangre, con su clase política tan llena de dobleces y trampas, con sus familias de apellidos sonoros, con su bogotazo del 9 abril, cuando mataron al caudillo liberal Jorge Eliécer Gaytán y se armó la de nunca acabar.

Pero también están las historias del niño que llevaron a ver por vez primera un pedazo de hielo, el nieto del coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, que hacía pescaditos de oro y murió esperando una pensión de gobierno que nunca llegó. La historia del muchacho que aprendió el sexo y los amores en camas de burdel. Cuenta que fue alimentado con sopas de una taba de vaca que la mamá, por pobrecita, la hirvió y la volvía a hervir durante tres días seguidos. Ese genio de la literatura es tan representativo de la lengua española como Miguel de Cervantes y Saavedra.

Digo que es un gran contador de historias y no de cuentos, porque son cosas que pasan de verdad en nuestras tierras, pero que son vistas y escritas de manera mágica. Realismo mágico. Porque sospecho que Remedios la Bella no se fue para el cielo, envuelta en las blancas sábanas de Fernanda del Carpio, sino que se fue con un hombre de pelo en pecho a lomo de caballo. Pero la abuela Úrsula dijo lo de la ida al cielo para parar en seco los chismes de las comadres en el mercado del pueblo y en la calle de los árabes. Pero tanto el rapto con la ascensión celestial ocurrieron, porque millones de personas aseguran más lo segundo que lo primero, y la voz del pueblo es la voz de Dios, y lo que Dios dice es cierto.

La novela de García Márquez es mágica porque su vida también lo es. Es la vida de un escritor perseverante, talentoso, observador que le puso gotas de realidades a este mundo de magia y fantasía que es América Latina. Porque el escritor, antes que escribir, necesita con urgencia vivir con los ojos abiertos y con el asombro en el corazón.

* Columnista de El Diario de Hoy.

marvingaleasp@hotmail.com