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El reto de Ramírez Landaverde y Flores Hidalgo

La manipulación del tema de seguridad para lograr la consecución de objetivos políticos-partidarios, ha dejado claro que los intereses del oficialismo están por encima de la seguridad ciudadana

Los resultados de diferentes encuestas de opinión han planteado el progresivo deterioro de la seguridad pública en el país y la consecuente erosión de la confianza ciudadana en las autoridades y en los planes que impulsan. A pesar de la contundencia de las cifras, el oficialismo ha concentrado sus esfuerzos en tratar de maquillar la realidad para justificar la ineptitud del equipo de funcionarios al frente del aparato de seguridad (a quienes mantenía en sus cargos por su lealtad partidaria), manipulando información y difundiendo mentiras.
 
En varias ocasiones he utilizado este espacio para denunciar esta mala intención del gobierno, explicando sus nefastas consecuencias. La preferencia del Ejecutivo por nublar el ambiente para esconder de la gravedad de la crisis en seguridad y la incapacidad para atenderla, ha evidenciado la poca prioridad asignada al problema. Además, la manipulación del tema de seguridad para lograr la consecución de objetivos políticos-partidarios, ha dejado claro que los intereses del oficialismo están por encima de la seguridad ciudadana. Bajo esas condiciones, es poco probable que la situación cambie.
 
La semana pasada, no obstante, el presidente de la República hizo cambios en el aparato de seguridad que ha tratado de proyectar como un golpe de timón que llevará a un combate más efectivo de la delincuencia. Resulta importante analizar la esencia de los movimientos ordenados por Sánchez Cerén para poder hacer inferencias sobre si habrá cambios en la poca prioridad hasta ahora asignada a la seguridad pública y la predominancia de los intereses partidarios que la ha mantenido en un segundo plano.
 
Nombrar a los policías de carrera Mauricio Ramírez Landaverde y Roberto Flores Hidalgo, al frente de la cartera de seguridad, indudablemente buscaba causar un cambio en la percepción ciudadana, ya que, a primera vista, descontamina el área de seguridad del fétido hedor que le impregnó las identidades políticas de Benito Lara y Hato Hasbún. Designar a personas con amplia trayectoria profesional en la seguridad pública, en teoría, superaría la limitante de contar con funcionarios sin la preparación y experiencia adecuadas.
 
La intención, me parece, fue tratar de emular lo experimentado, hasta el momento, por el recién electo fiscal general, Douglas Meléndez. Aunque algunas personas han señalado que existió falta de transparencia en su elección, Meléndez ha logrado superar las críticas con acciones concretas y valientes, denunciando irregularidades al interior de la institución y haciendo cambios drásticos para mejorar la efectividad del trabajo operativo y protegerlo de influencias externas.
 
A diferencia de Meléndez, Ramírez y Flores tienen fuertes vínculos con el oficialismo, tan intensos que no es la primera vez que sus nombres suenan entre posibles candidatos para puestos importantes en el gobierno. La duda que tienen que superar ambos es si seguirán obedientes a la dinámica hasta ahora trazada por el oficialismo, de sobreponer los intereses partidarios sobre los de la sociedad, o trabajarán de forma objetiva y decida exclusivamente para mejorar la seguridad de la ciudadanía.


Cuando fue nombrado como director, le di mi voto confianza a Ramírez Landaverde en este espacio, explicando que me parecía una persona inteligente y analítica, que aunque tenía fuertes vínculos con sectores más radicales del partido de izquierda, podría desempeñarse institucionalmente, despojándose de sus preferencias ideológicas. Lastimosamente, todo indica que me equivoqué. Su apoyo a que se abra una investigación contra este periódico por un reportaje sobre las zonas que controlan grupos pandilleros, es solo el ejemplo más reciente que revela la prioridad de sus convicciones y vínculos partidarios. El reto de Ramírez y Flores, al igual que Meléndez, es ganarse a puro pulso la confianza de la ciudadanía. Deben de dejar de cobardemente empujar a los policías a que se metan en problemas, haciéndolos creer que estarán sentados a la par de ellos en el banquillo de los acusados, y dedicarse personalmente a ejecutar acciones valientes siguiendo el ejemplo de Meléndez.
     

*Criminólogo
@cponce_sv