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Réquiem para la Lotería Nacional

La "Lotería Nacional de Beneficencia" fue fundada en 1870 bajo la administración de la Junta de Caridad del Hospital Rosales, llegando el pasado 9 de julio a 144 años de vida activa en El Salvador. Iniciando sus operaciones con el nombre de "Lotería del Hospital", pues su función inicial era precisamente financiar el Hospital Nacional. En la actualidad, la LNB es una institución autónoma adscrita al Ministerio de Hacienda desde 1951. La institución que un día nació con el fin de ayudar a un hospital, llegó a convertirse en apoyo financiero del Fondo General de la Nación como misión principal, ejecutando paralelamente tímidos programas de responsabilidad social, destinando para ello únicamente el 1% de sus ventas.

Después de una centenaria historia administrando lo que por muchos años fue la única lotería en el país, obteniendo utilidades por 140 años, la LNB agoniza a raíz de una sostenida, larga y severa crisis financiera que la entidad ha venido atravesando por encontrarse experimentando ventas que generan pérdidas, lo que provoca que la institución no sólo no pueda cumplir con el fin que le corresponde: brindar fondos al Estado, sino que de hecho se ha convertido en una carga para los contribuyentes, todos los pagadores de impuestos ahora son responsables de financiar la ineficiencia de dicha institución pública.

En repetidas ocasiones se ha establecido que al estar operando con pérdidas, resulta inaplazable tomar medidas "urgentes en el corto plazo", ya que hoy por hoy la institución ya no es sostenible financieramente. Aunque las autoridades administrativas y el Gobierno Central han omitido la palabra "quiebra", sí se ha admitido públicamente que el estado financiero de la Lotería es "sensible". La centenaria institución que por 140 años de historia fue rentable, en sus últimos cuatro años --los cuales curiosamente coinciden con el advenimiento del "Gobierno del Cambio"-- ha experimentado un descenso abrupto en sus ventas a pesar de haber sido por décadas única entidad para el juego de lotería en El Salvador, por lo que al no tener competencia importante, no existe ninguna razón comercial que explique el porqué está generando pérdidas; la situación financiera de dicha institución habla muy mal de la capacidad del Gobierno cuando se desempaña como administrador de empresas y únicamente confirma lo que todos sabemos: el Estado es un pésimo administrador, un pésimo e ineficiente empresario, sino miremos el pobre desempeño en la ejecución de las obras del SITRAMSS, y la nula ejecución en la operatividad del Puerto de La Unión.

La crisis financiera en la LNB se acentúa año con año, las ventas rondan --en promedio-- en menos del 50% de boletos emitidos respecto a cada sorteo. En contraste, las loterías privadas que operan desde años en El Salvador con licencias legalmente adquiridas, emitidas por las respectivas administraciones municipales, continúan operando con utilidades que sí contribuyen al Fondo General de la Nación al pagar los impuestos que establecen las leyes respectivas.

La realidad tiene una terca manía de imponerse, aunque las autoridades no quieran aceptar la potencial quiebra de la LNB, la situación financiera es crítica y está a la vista de todos, por lo que esas soluciones "urgentes" y "necesarias" que las autoridades están hablando desde 2009, no pueden continuar dilatándose más. Después de más de un siglo de operación, la LNB ha llegado al final de un ciclo, dejemos que sea la empresa privada la que genere ahora las inversiones necesarias para hacer eficiente y rentable el juego de lotería en el país, así el Estado evitaría continuar invirtiendo los impuestos de todos en una entidad que se ha convertido en no rentable y en una carga más en las cada vez más menguadas arcas del Estado. Por su parte, las loterías privadas podrían absorber los puestos de trabajo de muchos empleados actuales de la LNB, brindando mejores prestaciones y salarios que los que actualmente puede pagar el Estado (si no, veamos el caso de la exANTEL). Si el Gobierno de El Salvador llegase a dar ese paso, los más beneficiados no sólo serán las arcas estatales a través de una mayor recaudación fiscal derivada de las utilidades de tales loterías, sino que le quedarían muy agradecidos los más de 3,000 billeteros, entre los cuales existe una considerable cantidad de adultos mayores, quienes verían asegurado su fuente de ingresos al vender productos más rentables y atractivos para los consumidores, sin contar con que los muchos entes de beneficencia seguramente estarían profundamente agradecidos de recibir el apoyo económico por parte de la empresa privada, que resulta tan necesario para cumplir los fines de asistencia para los que fueron creados.

Nos guste o no hemos entrado de lleno en la era de las loterías privadas, no sólo en El Salvador sino a nivel mundial. La realidad hace que nos enfrentemos a una verdad: se ha cumplido todo un ciclo en el cual la empresa estatal, dentro de su natural incompetencia e ineficiencia, debe de dar paso a las modernas empresas privadas, las cuales fueron creadas precisamente para eso: generar utilidades, oportunidades profesionales, puestos de trabajo y sobre todo, para el pago de impuestos que llegan precisamente hasta los más necesitados.

Gracias LNB por tantos años de aportes, ahora no nos queda más que decir un réquiem para la Lotería Nacional de Beneficencia.

*Colaborador de El Diario de Hoy.