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La Reina, Elías y otros

Esta semana España nos ha enviado nuevamente a una digna representante, Su Majestad la Reina Doña Letizia, quien se merece todos los honores por dedicarnos su tiempo y amistad.

La misión de cooperación que ella ejecuta es bienvenida y nos resulta urgente. Reconocer nuestras limitantes no solo es un acto de sinceridad, sino de exorcismo al ego.

La cooperación a todo nivel me consta, me referiré a algunas anécdotas con el propósito de rendir tributo a la virtud de quienes en alguna medida son nuestros parientes del lejano continente:

Érase el año dos mil seis, María Casado me invitó a asistir a su fiesta de cumpleaños en un piso ubicado en el barrio Malasaña, en Madrid. Asistieron muchos de sus amigos y primos, uno de ellos, Elías. En aquella oportunidad, él me comentó su encuentro con lo que entendía es el "tercer mundo", con El Salvador. En el año dos mil uno, laboró en una compañía de aerolíneas, en el Aeropuerto de "Barajas", en la capital madrileña, expedía boletería, pesaba las maletas de los viajeros y los preparaba en su abordaje. Por aquellos días posteriores al trece de enero, en que ocurrió el primer terremoto que aterró nuestras vidas, Elías recibió a un pasajero español, dirigente de una ONG, altruista, de aquellos que típicamente quieren aportar lo mejor de su esfuerzo para aliviar las penurias de los países necesitados. Llevaba consigo un equipaje compuesto de enseres, equipo médico, entre otros, cuyo peso superaba en muchos kilos lo permitido para transportar. Elías le preguntó cuál sería su destino, el viajante le respondió que El Salvador, pues, ayudaría a los sobrevivientes de "Las Colinas", que como recordarán, esta residencial ubicada en Santa Tecla, fue casi diezmada por un alud.

Aquel encuentro de Elías con el pasante resultó el despertar para aquel chico madrileño que a sus veintitrés años todavía no conocía la miseria humana, la pobreza y la necesidad; el pasante resultó tan persuasivo que lo convenció de perdonarle el sobrepeso de la carga de bienes destinados a ayudarnos y dio paso a que Elías dedicara sus vacaciones anuales a ayudarnos personalmente, pues, también tomó un avión con rumbo a San Salvador y se dirigió también a "Las Colinas". Así como ellos, Casado y Gorka, madrileño y catalán, "combinación posible", se encontraron en nuestra capital para apoyar las labores que la Alcaldía de San Salvador y una ONG española llevaban a cabo, sin recibir retribución alguna, pagándose sus pasajes y estadía. Así de espontánea, desinteresada y generosa ha sido la cooperación internacional española en nuestro país. Del pueblo español.

Pasados esos años, en el dos mil nueve, conocí a otras chicas madrileñas que se entusiasmaron con la propuesta de una ONG de participar en jornadas de educación y ayuda a nuestros ciudadanos, mientras disfrutaban de un clima tropical. Al cabo de unos días, cuando investigaron nuestra situación de crisis de seguridad pública, su perspectiva cambió, la expectativa del viaje se convirtió en aprensión. A este problema se le añadió la crisis financiera en la Madre Patria, que colocaba al pueblo español en el dilema de cubrir sus necesidades o las de los otros.

Debemos estar agradecidos por la ayuda recibida. Esta puede auxiliarnos a ser ingeniosos y abrir nuevos caminos de prosperidad.

*Máster en Derecho,

Universidad Carlos

III de Madrid.