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De regreso a Sonsonate

Bromeaba mi abuelo Papajulio, que el Silver Bullet conectaba Santa Tecla con Londres, Atenas y Cincinnati. Esto en un intento frustrado por elevar la Bala de Plata, en su recorrido diario entre Tecla, Lourdes, Ateos y Sonsonate, al nivel del Orient Express en su recorrido semanal entre París y Estambul.

Cual aire acondicionado en la bala. Asfixiante el ascenso de temperatura, entre la ciudad de las colinas y la ciudad de las palmeras, aunque nada que una agüita de coco y un beso de su amada no pudieran aliviar.

De la mano, los novios caminaban entre la estación del tren y la Piedra Lisa, casa de esquina y fábrica de envases que, Arnold Gallont, el futuro suegro alemán de Papajulio, había echado a andar producto de su naufragio cerca de Acaju- tla en 1890.

El espíritu emprendedor de Papaarnold vivito y coleando en grandes proyectos como La Constancia que, en 1906, empieza a fabricar y distribuir cerveza Pilsener, desde su planta en Santa Ana.

¡Qué coincidencia! Los envases de las primeras cervezas, eran elaborados por mi bisabuelo, y se conocían como chibolas, pues con eso se tapaban, en vez de corcholata.

Otro gran proyecto de occidente nace en 1955, en el propio Sonsonate, cuando un grupo de ganaderos deciden unir esfuerzos para producir, procesar y distribuir leche fresca con el endoso de la marca Salud.

60 años más tarde, los descendientes de estos visionarios, siguen llevando, salud y nutrición, a todos los salvadoreños, en forma de leche y sus derivados.

Los que tenemos más de 40, oriundos de, o viajeros frecuentes a Sonsonate, nunca olvidaremos la escala obligatoria en La Salud, para disfrutar del mejor sorbete de chorro del país, cuya consistencia y sabor se iba a los penaltis con el gelato italiano.

En la Salud, también podíamos disfrutar una tortilla tostada con queso fresco o un francés con cremita y sal. Ummmmmm.

Es que a los salvadoreños nos encanta la leche, y todo lo que se hace con leche fresca. Por algo, al solo ver nuestro pasaporte en los aeropuertos de Estados Unidos, la pregunta obligatoria es Trwae quezzo?

Lástima que no nos dejan viajar con Chocolatina, un sabor tan nuestro, cargado de nostalgia, bigotes y buenos momentos.

El 60 aniversario de Salud, ha sacado lo sonsonateco que llevo dentro. Retrocedo a mi infancia, montando a caballo, en los potreros poblados por vacas, amates y abundante agua. Recuerdo cuando un chichipate le soltó un machetazo a mi mula, ella sale zumbada y yo volando, directo y sin escalas, a unos tetuntes. Nada que una agüita de coco no pudiera aliviar.

Dicho aniversario también me hace comprender que Salud sigue siendo una empresa orgullo nacional, firme ante la globalización que se ha llevado a grandes como Pilsener, Cessa, Banco Cuscatlán y TACA.

De las tres cosas grandes que hay en la vida, salud es la más importante. Sin salud no hay dinero, sin salud no hay amor. Y sin Salud ya no hubiera ganadería en El Salvador.

Salud es una cooperativa de ganaderos que se defiende en el ring de la libre competencia, ante el abate de grandes nacionales y multinacionales.

Fuertes vientos y violentas mareas ha tenido que sobrevivir la empresa para siempre innovar, producir, procesar y distribuir productos de calidad, que se van a los penaltis con lo mejor del mundo.

Por esto, y mucho más, honor a quien honor merece.

Ya lo sabe. La próxima vez que vea un camión de Salud, en la tiendita o en la trabazón, más que un camión, es la chispa de la ganadería nacional, motor de nuestra economía, el sustento de muchas familias.

¡Feliz aniversario Salud!

¡Chiviriviri, Hurrraaaaaa…! ¡Que viva Cincinnati! ¡QUE VIVAAAAA!

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com