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El régimen que no se atreve a decir su nombre

A unos días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el FMLN no se atreve a decir con claridad hacia qué tipo de régimen nos va a querer llevar en caso de ganarlas. Formalmente, sigue manteniendo la ideología comunista y políticamente sigue subordinado a Cuba, el único país comunista de Latinoamérica. Pero en su realidad orgánica, ha ido desarrollando una naturaleza claramente fascista a través del tumor corporativista que le nació por dentro, las empresas Alba.

No es que sean dos sistemas muy diferentes en su esencia. Ambos buscan controlar política y económicamente al país, uno dando la propiedad de todas las empresas al Estado, el otro dando no sólo el control sino también la propiedad de todas las empresas estratégicas a los que controlan el gobierno. Ambos sistemas son totalitarios. En ambos se crea un grupo privilegiado que maneja toda la política y toda la economía, sin darle oportunidad a nadie más. Pero en el fascismo el poder económico lleva al poder político, y en el comunismo es al revés.

La característica fundamental del comunismo es la eliminación total de la propiedad de los medios de producción, es decir, de las cosas que sirven para producir otras cosas. El Estado se apropia de toda la tierra y el capital, las máquinas y las empresas. Esto es como mínimo. En muchos países comunistas también se restringió la propiedad privada de bienes durables de consumo como los automóviles y las casas. La mayor parte de la gente en la Unión Soviética vivía en unidades que eran poseídas por el Estado.

Sin iniciativa privada, los países comunistas se convirtieron en gigantescas burocracias que no sabían cómo manejar las empresas. La eficiencia del comunismo era tan baja que uno se pregunta por qué existía en la Unión Soviética, a quien beneficiaba. La respuesta es que las elites del Partido Comunista se beneficiaban mucho no sólo porque el sistema les permitía controlar el poder político y el económico simultáneamente, sino porque la ineficiencia del comunismo mantenía a la gente del pueblo tan miserablemente pobre y débil que no podían pensar en rebelarse contra el gobierno. Por eso es que el régimen de Fidel Castro ha durado tanto en medio de la miseria de su gente.

Tradicionalmente, cuando su líder máximo era Schafik Handal, no había ninguna duda de hacia adonde iba el FMLN: era hacia el comunismo, tipificado en el régimen cubano de Fidel Castro, que fundó el Frente en La Habana en 1979 unificando varios grupos armados que hasta entonces operaban por separado.

Últimamente, sin embargo, ha surgido otra posibilidad de controlar tanto el poder político como el económico en el país, uno que fue muy cómodo para las elites de Hitler y Mussolini antes de la Segunda Guerra Mundial: la instalación de un régimen fascista, en el que las personas que controlaban el gobierno se convirtieron en dueños de las grandes empresas estratégicas. Protegidas por el mismo gobierno del cual ellos formaban parte, generaron grandes utilidades para sus dueños y para el partido. El fascismo daba control total, pero con utilidades y grandes fortunas privadas.

Esta posibilidad surgió con las empresas Alba, que han abierto la posibilidad de que grupos políticos pequeños que controlan el Estado también controlen la economía entera, pero como dueños, no como funcionarios del Estado a cargo de ella.

¿Qué es lo que el FMLN tratará de instalar en el país? ¿El régimen comunista de Cuba, en el que las empresas Alba no pueden jugar ningún papel porque son privadas, algo intolerable en el comunismo? ¿O un régimen fascista, en el que las empresas capitalistas Alba se convertirían en las dueñas de la economía salvadoreña?

Tanto el comunismo como el fascismo llevaron a dictaduras terribles y grandes tragedias. Es bien claro que las opciones ofrecidas por el FMLN son bien malas. Por supuesto, ellos no deberían ser los únicos que van a decidir por qué camino va a ir el país. Todos tenemos voto, y si lo ejercemos, podemos evitar caer en dos doctrinas anticuadas y perniciosas: el comunismo o el fascismo. No hay mucho tiempo para impedirlo.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.