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Un regalo para mi mamá

Mañana es el Día de la Madre. Domingo, además, para que podamos estar en familia celebrándolas de modo especial. Hace tiempo guardé en una ficha un cuento diferente para ese día. Es de Juana Berenguer Moreno, está publicado en Internet, y se titula igual que esta nota. Dice así:

"A mi mamá, por su capacidad extraordinaria para cuidar y mimar, le voy a regalar un gusanito de seda. Le buscará un hogar cómodo y confortable, se preocupará para que no le falte comida, le acariciará con una sonrisa, velará por su seguridad y se asegurará de que está bien. Dejará que vaya creciendo y aloje su capullito, y cuando ya se convierta en mariposa le abrirá la puerta y le dejará volar en libertad. Nunca dejará de quererle, y si un día la mariposa se siente sola o necesitada, mi mamá se encargará de apagar todas las luces del mundo, excepto la de su casa, que brillará más que nunca para que la mariposa encuentre el camino y la esperará con los brazos abiertos. Así es mi mamá".

Y la mía, la de del lector, y todas las mamás… La imagen que utiliza es gráfica: un gusanito de seda que crece bajo los cuidados de una madre, teje su capullo, se transforma en mariposa que vuela por el mundo, y siempre tiene la seguridad de que su mamá la estará esperando con los brazos abiertos. Así son las mamás. Por eso, cuando hay dificultades, el problema no suelen ser ellas, sino los hijos. Hasta que a su vez se convierten en papás y mamás, y cada uno tiene su gusanito de seda que cuidar, alimentar, mimar, educar, y dejar que vuele libre cuando esté listo.

Vivimos unos días en los que poco a poco se han ido instalando mentalidades dañosas para los hijos. Como la de quienes piensan que los papás y las mamás están en el mundo para hacerles más fácil la existencia, y no se dan cuenta de que el dolor es parte integral de la vida. Lo malo es que en ese empeño de evitar el sufrimiento a los hijos, terminan por hacer imposible que el gusanito de seda teja su capullo, y que, si lo hace, pueda abandonar el hogar. Entonces, quienes estaban destinados a volar libremente por el mundo nunca salen --real o mentalmente-- de su hogar, y allí permanecen eternamente como gusanos queriendo ser mariposas.

También es frecuente que los papás y las mamás puedan pensar que cada niña, cada niño, no es un regalo que Dios hace, sino un derecho, una propiedad, y lo tratan como tal. Un bien muy preciado, de acuerdo, pero posesión al fin. Quizá por ello hay cada vez más papás y mamás a quienes parece preocuparles más lo que su hijo o su hija representa para ellos, que la niña o el niño en sí mismos.

Sin embargo, la inmensa mayoría de papás y de mamás, pero principalmente de mamás (todo hay que decirlo), viven a la perfección su papel de amiga-psicóloga-cómplice-médico-enfermera-profesora-limpiadora-cocinera-confidente-inventora-maga… Y no solo cuando se es pequeño y necesitado, sino también cuando (mariposa voladora) se es grande y necesitado. ¡Qué acertada la imagen con la que la cuentista cierra su breve relato: "Si un día la mariposa se siente sola o necesitada, mi mamá se encargará de apagar todas las luces del mundo, excepto la de su casa, que brillará más que nunca para que la mariposa encuentre el camino y la esperará con los brazos abiertos".

Muchas felicidades a las mamás en su día, y con la licencia que los lectores me concedan, especialmente a la mejor de todas: la mía.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare