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Reflexiones para candidatos y electores

Todas las personas que ostentan un cargo público saben que al llegar al poder, solamente estarán un período corto en el que tienen la opción de trabajar por lograr muchos beneficios para la población de un país que ha sufrido tanto, o aprovecharse de exprimir las arcas del Estado para su propio provecho.

Hay funcionarios honrados que llegan con todas las intenciones de servir. Entre estos, unos tratan de esforzarse para resolver los problemas económicos, sociales, políticos, etc., del país. Sin embargo, muchos terminan crucificados por no tener la malicia de los que no quieren que éstos les hagan sombra o son eliminados al no aceptar invitaciones a participar en acciones inmorales. Otros políticos se deslumbran con el poder traicionando sus intenciones iniciales de servicio, cayendo en la tentación de servirse a sí mismo con fondos públicos recolectados de nuestros impuestos, para hacer obras en beneficio de la población que lamentablemente no llegamos a ver nunca.

Otros caen presa de malas influencias que les presentan tentaciones difíciles de resistir, olvidando su compromiso ante la población, se involucran en actos deshonestos, y después son chantajeados o desechados. También hay políticos sucios, pícaros, que por una ambición desmedida, egoísta y utilitarista no les importa que sus hermanos no tengan los servicios básicos a los que tienen derecho y se roban el dinero que debería de usarse para medicinas, educación, agua potable, seguridad, infraestructura, etc.

Además, entre estos últimos, hay quienes, que por un deseo enfermizo de recuperar o de conservar el poder a cualquier costo gastando un dineral --mal habido-- en campañas sucias y engañosas, tratando de convencer a la población de que trabajarán por el bien común cuando en realidad ya tuvieron su oportunidad de probarlo y no lo hicieron. Tomaron la decisión de traicionar a su patria y engañar a su gente.

Asimismo, están los que hacen promesas que no tienen ninguna intención de cumplir, tal como hizo el FMLN con la ratificación de la reforma constitucional que protege el matrimonio.

También hay burócrata que quizá no llegan a puestos muy altos pero por quedar bien con los que han logrado llegar más alto o porque éstos les tienen la cola pateada, son capaces de cometer las peores injusticias contra personas buenas, honradas, inocentes. Aunque parezca que se logran salir con la suya, recuerden que todo se paga. La mentira avanza pero la verdad siempre la alcanza.

Los salvadoreños tenemos una gran responsabilidad por permitir todo esto. No podemos seguir dejando que otros elijan por nosotros quién será el próximo Presidente de la República. Tenemos que ver y hacer que los jóvenes comprendan que nuestro país iba por el camino correcto de un desarrollo económico, que atrayendo la inversión extranjera logró abrir nuevas empresas, dando trabajo a muchos salvadoreños. Sin embargo, el gobierno actual y el anterior han hecho que la inversión extranjera pierda confianza al no respetar reglas establecidas y la seguridad jurídica, causando migración y cierres de empresas, pérdida de empleos y han elevado el nivel de endeudamiento causando estragos en la economía del país.

Tampoco podemos permitir que nuestro país siga persiguiendo a inocentes y protegiendo a corruptos. La sociedad y la institucionalidad democrática deben castigar a los malos funcionarios y servidores públicos, pero también está moralmente obligada a premiar y reconocer a los buenos. De no ser así los buenos elementos no querrán hacer carrera en el servicio público y estos espacios serán llenados por las personas menos idóneas para esta responsabilidad.

*Columnista de El Diario de Hoy.