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Reducir, reusar, reciclar

Una regla de oro para la protección de recursos y conservación del medio ambiente se resume con las tres palabras mágicas de reducir, reusar y reciclar. Entre más se reducen las cantidades de lo que se consume, se usen más de una vez los productos que no perecen y mientras de la materia vieja se intenten hacer nuevos productos, menos recursos se desperdician. En ese sentido, es realmente una barbaridad que en los sectores del ambientalismo no se le haya otorgado galardón alguno a los políticos y gobernantes salvadoreños, que campaña tras campaña y gestión tras gestión, continúan repitiendo el mantra al pie de la letra: reducir, reusar, reciclar.

Reducir: la cantidad de propuestas concretas. ¿Qué es eso de estarse extendiendo si ahora la gente no lee más que tuits? Lo único que importa ahora, aparentemente, es no apelar a la razón, no vaya a ser que se quieran pasar de listos los electores y vayan después a intentar pedir cuentas si se mal acostumbran desde el principio a que se les den explicaciones. La moda aparentemente con este minimalismo racional es reducir lo específico y apelar al sentimiento; hablar de abstractos como los rayos del sol y el amor patrio, y no de reducir déficits, inseguridad o respeto al estado de derecho. Y aunque la mención de los "qués" se mantiene fuerte en las campañas ("las artes", "la economía", "la educación"), hay una anorexia de "cómos" deprimente.

Reusar: en la política aparentemente no hay desperdicio y a diferencia de varios productos perecederos, la falta de vergüenza no tiene fecha de caducidad, ¿que un político ya lleva más de tres períodos en la Asamblea y jamás se ha destacado por su iniciativa legislativa? ¡No importa! El Photoshop aguanta con todo, hasta con pruebas de viajes inventados y fondos despilfarrados. Así que a darle un retoque a la foto y a apuntarse a otro período, que mientras el electorado se deje hay que sacarle a la silla curul toda su vida útil.

Reciclar: El celo reciclador de la política salvadoreña no conoce fronteras, y es así como se han visto en el país, pasando como nuevas y originales, campañas que en otros países se verían como viejas: campañas del FMLN cuyos originales estuvieron en Brasil, o, trascendiendo fronteras ideológicas, apelaciones de ARENA "por amor" que nos recuerdan a algunos a un spot de Hugo Chávez pidiendo el voto venezolano en 2006. El "copy-pasteanismo" (con el perdón de mi madre y la Real Academia) no es sólo electoral: también es patéticamente prevalente en los nombres de infraestructura pública. Aparentemente, la costumbre de reducir, reusar y reciclar ha hecho que nombrar calles en el país se haya vuelto un ejercicio parecido a sacar de un recipiente papelitos que solo pueden tener escritos dos nombres: Roberto D'Aubuisson y Oscar Arnulfo Romero, la anterior provocación política se disfraza de homenaje, y listo.

Lo malo de esta fastidiosa costumbre que la política ha tomado prestada del ambientalismo es que demuestra muy poca fe en el futuro, es un síntoma de que los políticos piensan que la ciudadanía jamás exigirá cuentas, de que en la sociedad hay sequía de liderazgos y de que somos incapaces de construir nuevos héroes. Ya es hora de que les demostremos lo contrario.

* Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg