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Recuerdos que abruman

Si no es tratada adecuadamente la condición puede durar años o no curarse nunca. Lo primero es detectarla. Equipos de salud mental deben formarse para dar auxilio terapéutico. El tratamiento no es fácil y requiere de tiempo

Pasa solamente en las películas. El protagonista corre y logra salir segundos antes de que la bomba explote y el edificio vuele en pedazos. O escapa ágilmente de una lluvia de balas y todavía tiene la sangre fría para contraatacar y aniquilar a sus perseguidores. No sólo consigue salir ileso o con leves heridas de un evento en el que estuvo a punto de perder la vida, sino también,  al poco tiempo (en la siguiente escena), se le ve descansando plácidamente en un agradable lugar, muy tranquilo y feliz, gozando plenamente de la vida, y listo para la próxima.

En la vida real las cosas son distintas. Muchas personas que pasan por situaciones de alto peligro o experiencias en las que han sufrido o sido testigos de graves hechos, quedan marcadas. No hay tal cosa como borrón y cuenta nueva. La vida simplemente ya no vuelve a ser la misma, al menos desde el punto de vista emocional. Si esto ocurre incluso en las personas que por su profesión o tipo de actividad el peligro es algo hasta cierto punto parte de las posibilidades, más impacto sufren aquellas en las que la experiencia es completamente inesperada.

En psiquiatría tenemos una definición para un conjunto de síntomas y conductas que ocurren después de eventos con una alta carga de tensión. Se llama trastorno de estrés postraumático. La condición fue inicialmente estudiada en los veteranos de guerra, especialmente en los que regresaron de Vietnam, y analizada más exhaustivamente posterior a los ataques de las Torres Gemelas. Ahora se conoce mucho sobre los efectos fisiológicos y conductuales que ocurren en las personas que han pasado por experiencias de gran estrés. Y al conocer los efectos la ciencia médica está mejor preparada para diseñar tratamientos eficaces.

El estrés postraumático (en inglés post-traumatic stress disorder o PTSD) no sólo está asociado a experiencias de combate o lo padecen los sobrevivientes de ataques terroristas. Existe una variada gama de eventos que lo pueden provocar. El abuso sexual, el secuestro, los accidentes aéreos o automovilísticos son causas frecuentes. Asimismo otras experiencias como los desastres naturales, el encarcelamiento o los procesos judiciales, enfermedades graves de la persona misma o seres cercanos, pueden causarlo. Las víctimas de amenazas o atentados y los testigos de asesinatos están también en alto riesgo.

Los síntomas característicos son de tipo emocional, cognitivo y conductual. La persona reexperimenta los hechos, los revive en su mente, sueña con ellos. Cualquier cosa que se asocie a lo sufrido, aunque sea indirectamente (una noticia en un periódico, un comentario, un objeto relacionado) provoca una reacción de estrés intenso. Se producen conductas evitativas como mecanismo de protección emocional. Las actividades normales se alteran pues el afectado se percibe como vulnerable.
 
Al ver los tipos de eventos que provocan estrés postraumático no es difícil suponer que en El Salvador existe una gran cantidad de casos. No se notan con facilidad, es una epidemia oculta, que se padece detrás de puertas cerradas, en la intimidad. Pero es algo que definitivamente puede estar afectando a buena parte de la población.

Si no es tratada adecuadamente la condición puede durar años o no curarse nunca. Lo primero es detectarla. Equipos de salud mental deben formarse para dar auxilio terapéutico. El tratamiento no es fácil y requiere de tiempo. Es, sin embargo, esencial si pretendemos tener una población mentalmente sana. 


* Médico psiquiatra.
Columnista de El Diario de Hoy.