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Recuerdos míos y expectativas de nuestro socialismo

Viví de los 4 a los 7 años en Madrid durante la guerra civil española. Te podían fusilar por decir "adiós" en vez de "salud" con el puño cerrado en alto. Ser sacerdote era muerte segura, pero incluso algunos fueron ejecutados porque "tenían cara de cura". Para conseguir comida, había que hacer cola por largas horas. Estábamos muertos de hambre. Era la zona roja. En el otro lado de la guerra, el nacional, había comida en abundante. Y en el último año de la guerra, el general Franco bombardeó Madrid con cientos de panecillos de un pan blanquísimo y muy bien horneado. Yo lo vi desde un balcón del modesto piso que ocupaba mi familia en un barrio del viejo Madrid.

Seguí como periodista el triunfo de Fidel Castro y sus guerrilleros que bajaron de Sierra Maestra con la medalla de la Virgen del Cobre al cuello. Fidel prometió democracia y elecciones libres. En un Congreso Eucarístico en La Habana, Fidel tuvo el descaro de comulgar en una de esas misas. Después cuando ya tenía todo el poder en la mano, se declaró comunista.

Viví en Santiago de Chile desde 1957 hasta diciembre de 1973. Allende prometió "una vía pacífica hacia el socialismo". Sufrí el desastre económico, social y moral fruto de ese desgobierno. Iguales colas que en el Madrid rojo, falta de alimentos. Guerrilleros marxistas y sus depuraciones internas --como en El Salvador--, grupos armados, "disuasivos", de choque (la "Ramona Parra" de los comunistas, la "Elmo Catalán" de los socialistas), que expresaban su fervor revolucionario dando palos o cadenazos a los desfiles pacíficos de protesta contra la escasez. Pero más de un siglo de democracia y libertades no pudieron ser ahogados. Al grito de "¡Chile es y será un país de libertad!", el paro mantenido de mineros del cobre, camioneros, estudiantes de colegios y universidades, médicos, enfermeras, empleados, amas de casa con la marcha de las ollas vacías, y el ruido de cacerolas nocturno, y un solo canal de TV que no pudo ser silenciado, pusimos a ese gobierno miserable en las cuerdas. Fidel nos visitó para apuntalar el régimen pero hubo suficiente libertad de prensa para reírse de él. Hizo el ridículo. Después el pueblo pidió con insistencia la intervención de los militares.

Ahora es Venezuela. Algo muy semejante. Escasez de casi todo, colas interminables, grupos de choque aún más brutales que los de Chile. Las manifestaciones pacíficas terminan con varios muertos, multitud de heridos y de encarcelados. Maduro, con toda desvergüenza, acusa a las víctimas de ser las causantes de la violencia. Y aquí, el FMLN en pleno, con Sánchez Cerén a la cabeza, tiene el descaro, la falta de honradez intelectual más absoluta, de solidarizarse con el gobierno totalitario y brutal de Venezuela.

--Señor Sánchez Cerén: ¿sigue pensando que la Venezuela de Maduro y la Cuba de Fidel --que es quien manda en realidad en Venezuela-- son el ejemplo que debe seguir El Salvador? ¿Esta es la luz que debe alumbrar el desarrollo de toda Hispanoamérica? ¿Cree que aquí los tontos son mayoría?

--Salvadoreñas y salvadoreños honestos, decentes, buena gente, ¿todavía siguen pensando en votar por esta serie de mentirosos embaucadores?

¿Qué les pasa, han perdido el juicio? Mírense en el espejo de Venezuela. No se fijen en lo que éstos prometen, vean quienes son, como mienten siempre, que es lo que han hecho en el pasado, cuál es su hoja de vida llena de sangre ajena. Dejen que voten por el FMLN los mentecatos (mens captum = mentes cautivas) fascinados con los regalitos y las promesas paradisíacas; los del carnet rojo y el "hueso" en alguna oficina pública; la chusma del odio, el resentimiento y la violencia, que siempre existe en todo país del mundo. Pero ustedes no, piénsenlo bien, que en este tipo de socialismos es muy fácil entrar, pero muy difícil salir de su tiranía y además suele costar sangre.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com