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La recesión de Brasil

¿Qué le parecería si la tasa de inflación fuera 8 por ciento, que la economía estuviera decreciendo al 1.2 por ciento (la de aquí creció casi al 2 por ciento el año pasado, para que compare), que la producción industrial hubiera caído en 11 por ciento desde junio de 2013, que su dinero estuviera perdiendo por año el 39 por ciento de su valor con respecto al dólar, que la tasa de interés que le pagan los bancos fuera de 7 por ciento, mientras que la que le cobran por créditos fuera de 41 por ciento (con lo cual usted ya se estaría ahogando), y que, para rematar, el Banco Central acabara de subir la tasa de interés que le cobra a los bancos en casi tres puntos más? 

Bienvenido a la realidad de Brasil. Hace un par de días, el Banco Central subió la tasa de interés que le cobra a los bancos de 13.25 a 13.75 por ciento. Cuando la tasa anterior se traducía a lo que los bancos cobran a sus clientes, se convertía en 41 por ciento. La nueva tasa se traducirá a cerca de 45 por ciento. Eso quiere decir que si usted toma prestados un millón de reales para hacerse una casa usted tendría que pagar casi la mitad, 450 mil reales, de intereses en el primer año. 

Usted se preguntará, ¿y por qué está subiendo la tasa de interés el Banco Central? ¿Será que las autoridades monetarias no han entendido que al tener la tasa de interés tan alta, y subirla de remate, lo que están logrando es aumentar los costos de producción y causar más dificultades de pago a las empresas, volver más difícil la inversión, y deprimir todavía más la economía? Tener las tasas de interés tan altas no solo reduce la producción sino crea el riesgo de una crisis financiera. Sólo imagínese usted lo que le pasaría a usted si la tasa de interés hubiera subido de 26 a 41 por ciento entre enero de 2013 y mayo de 2015. 

Es claro que las autoridades sí entienden las malas consecuencias de subir los intereses. Por muchos años trataron de bajar las tasas de interés. Si ahora las están subiendo es porque tienen otras razones más poderosa que los fuerza a hacerlo. Estas razones se relacionan todas con el manejo de la moneda brasileña, el real. 

El círculo vicioso comienza con que la moneda se les está devaluando. Esto está haciendo que las deudas del país en dólares se les están haciendo más grandes, porque los ingresos del gobierno y el sector privado son en reales, y cada vez se necesitan más reales para comprar un dólar para importar cosas y para pagar las deudas. El real se está devaluando en gran parte porque la gente percibe que se está devaluando y que se va a devaluar más, por lo que cambian sus reales por dólares para no perder por la devaluación, una pérdida que es bastante grande, del orden de 39 por ciento en un año. 

Las autoridades monetarias quieren evitar que ese dinero salga porque al salir reduce las reservas internacionales del país y precipita más la devaluación. Con este propósito, aumentan las tasas de interés, esperando que dichos aumentos hagan que la gente prefiera depositar su dinero en reales en vez de cambiar a dólares. Saben que eso es fatal para la producción, pero más fatal es quedarse sin dólares, permitir que la moneda se siga depreciando y contemplar cómo la carga de las deudas externas del país sigue aumentándose. 

Es decir, la posibilidad de tener una política monetaria, en vez de ayudar a Brasil, lo ha metido en un circulo vicioso. Por defender su moneda, ha tenido que aumentar las tasas de interés, y eso lo ha llevado a que su producción industrial y el PIB en general caigan muy sustancialmente. Son parte de los costos de tener una moneda propia. 

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.