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La rebelión contra la política partidaria en la seguridad pública

Las constantes decepciones derivadas de las acciones estatales y los imparables embates de la crisis delictual, contagian progresivamente a los salvadoreños y los desespera al punto de ebullición

La administración de Salvador Sánchez Cerén está a pocos días de cumplir un año en el poder y, en consecuencia, las evaluaciones técnicas sobre su desempeño han empezado a protagonizar notas periodísticas y programas televisivos. Lamentablemente, hasta el momento y en congruencia con la realidad que enfrenta El Salvador, las valoraciones indican que el presidente, sus funcionarios y las principales apuestas de gobierno no cuentan con la confianza y apoyo de la ciudadanía.

Según los resultados de una encuesta de La Prensa Gráfica, publicados esta semana, por ejemplo, menos de la mitad de los salvadoreños aprueba la gestión de Sánchez Cerén y un abrumador 44.8% la desaprueba. El fracaso de Sánchez citado con más frecuencia por los entrevistados, de acuerdo con el instrumento de medición, es el abordaje de la criminalidad e inseguridad. El 61% opinó, además, que la actual estrategia gubernamental no está resolviendo los problemas de seguridad. Un porcentaje igual señaló que el desempeño presidencial en el área de seguridad ha sido malo.

La encuesta, en consonancia con estos resultados, adicionalmente reveló que Benito Lara, ministro de Justicia y Seguridad Pública, es el tercer funcionario peor evaluado de gabinete, incluso peor que David Munguía Payés, ministro de Defensa que carga con el desgaste de la negociación entre el Estado y las pandillas propiciada durante el gobierno de Mauricio Funes. Lara, no obstante, según los entrevistados, tuvo un mejor desempeño durante este primer año que Hato Hasbún, recientemente nombrado comisionado presidencial para la seguridad.

La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), por otro lado, difundió esta semana el informe "El Salvador. Año político. Junio de 2014-mayo 2015," en el que evalúa de forma negativa el desempeño gubernamental en seguridad pública, señalando que la estrategia del Ejecutivo no ha logrado las metas establecidas. Dicho tanque de pensamiento también critica el difuso liderazgo en el gabinete de seguridad, explicando que no existen roles y responsabilidades claras al haber tantos funcionarios de alto nivel involucrados. Además, el documento advierte que la creación de batallones militares para atacar la criminalidad no es la estrategia adecuada y pronostica graves consecuencias de seguir con su implementación.

Las críticas y disconformidades evidentes en estas dos evaluaciones técnicas sobre la gestión del primer año de gobierno de Sánchez Cerén, aunque claras e inequívocas, son benevolentes y tímidas, considerando que en estos doce meses se ha logrado convertir a El Salvador en el país más violento del mundo. Los reclamos, malas calificaciones y señalamientos deberían de ser más duros y contundentes. Es posible, sin embargo, que detrás de la recatada evaluación ciudadana se esconda unas pocas gotas de esperanza de que las cosas están a tiempo de cambiar y que el Estado tiene la capacidad de hacer la diferencia.

Las constantes decepciones derivadas de las acciones estatales y los imparables embates de la crisis delictual, contagian progresivamente a los salvadoreños y los desespera al punto de ebullición. El país hemorragia talento. Miles de salvadoreños, con trayectorias y de contextos diversos, abandonan El Salvador a raíz de la agobiante situación que experimentan cada día.

Hasta el momento, los intereses de la política partidaria parecen haber entumecido al gobierno ante el caos en el que vive la ciudadanía, desplazando cualquier empatía a un segundo plano, después de los objetivos políticos. Las instituciones de seguridad, la inseguridad y la delincuencia deben de dejar de ser utilizadas por el sector político para incrementar su influencia y popularidad, o atacar a sus adversarios. El bienestar de los salvadoreños debe de convertirse nuevamente en la meta que todos debemos de seguir. Es imperante rebelarse contra la influencia y control de la política partidaria sobre el aparato estatal de seguridad.

*Criminólogo.

@cponce_sv.