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Realismo ¿mágico?

La muerte de Gabriel García Márquez, a quien el columnista de El País, Héctor Schamis, de manera acertadísima llamó "el ciudadano latinoamericano", hizo recordar a más de alguno aquella expresión de que el realismo mágico sólo es mágico desde afuera. En Latino América, el realismo mágico es simple y llanamente, realismo.

Es un hecho que un pedacito de Macondo se encuentra en cada pueblo de Latino América: dictadorcitos y guerras por el poder entre políticos y elites, remedos de inversión extranjera con privilegios de poder para evitarse incómodas competencias, subdesarrollo y pobreza que haría que la refrigeración que permite congelar el agua parezca realmente un milagro, paternidades irresponsables que engendran varias decenas de hijos dispuestos a repetir el ciclo, muchas veces dejando como consecuencia de su irresponsabilidad a niños abandonados en la intemperie a quienes no sería difícil que las hormigas amenazaran con comerse.

En nuestra región, que se lleva varios honores en la categoría de las ciudades más violentas del mundo, no estamos exentos de asesinatos a sangre fría por motivos menores que una derrota en una pelea de gallos, y la carencia, falta de adaptabilidad y pobre conciencia medioambiental hacen que las lluvias que parecen alargarse eternamente se lleven pueblos enteros a su paso. Todo lo anterior son elementos que se encuentran tanto en las páginas de Cien Años de Soledad como en las portadas de los periódicos latinoamericanos. Son los obstáculos que limitan el enorme potencial de nuestro capital humano y que por no contar con la genialidad de la narrativa de García Márquez, son trágicos en vez de entretenidos.

Sin duda alguna, el arte en todas sus formas imita a la vida. Según Ibsen Martínez, guionista venezolano, las telenovelas actuales no son más que una metáfora dramatizada del populismo latinoamericano. Martínez, un veterano de la industria millonaria de las telenovelas, es también un comentarista político que se opone al régimen venezolano. Señaló recientemente en una magistral columna publicada en el New York Times cómo la trama de muchas telenovelas se alimenta de viejos y gastados paradigmas que se enfocan menos en los esfuerzos que existen detrás de la creación de muchas riquezas, resaltando únicamente como maneras para lograr el desarrollo económico los matrimonios por conveniencia, las traiciones, los asesinatos, o como mencionara Martínez, Robin-Hoodescas redistribuciones muy propias de régimenes como el chavista.

Martínez se propuso escribir una telenovela diferente, quizás con el propósito de que el arte tuviera impactos positivos en la vida y no sólo la imitara. Quiso que su protagonista, a quien llamó "Nora", esta vez fuera diferente: no una mujer victimizada con poco control de su destino y cuyo valor exclusivamente radicara en sus atributos físicos, sino más bien una emprendedora que consiguiera salir adelante gracias a su esfuerzo e innovación. Por desgracia, se le atravezó Macondo. La actriz Mónica Spear, que estaba en línea para interpretar a Nora fue asesinada en la costa venezolana, un producto más de nuestro realismo latinoamericano. Claramente de mágico, no tiene nada.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg