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La realidad se impone a los medios y estos la reflejan a la sociedad

La sociedad y las diversas instituciones han creado procesos que han llevado a una violencia cotidiana, donde no solo se irrespeta la ley y las normas mínimas de convivencia, sino además se atenta contra la vida de otros

En noviembre de 2006, escribí esta columna y he querido rescatarla en esta ocasión, no solo porque tiene vigencia, teórico–práctica, sino también porque hoy existen voces, antes en la oposición ahora en el gobierno, por lo general desinformadas y no pocas veces mal intencionadas, que presionan a los periodistas y a los medios de comunicación a plegarse a las versiones oficiales de lo que sucede con la violencia que golpea duramente nuestro país o con la economía que supuestamente va viento en popa. Paso a reproducir lo escrito hace nueve años. 

El trabajo informativo, como lo hemos dicho en otras muchas ocasiones, viaja en dos carriles: por un lado, con las herramientas técnicas propias de la profesión y que van desde el manejo del lenguaje y las técnicas periodísticas básicas hasta el uso adecuado de otras disciplinas, incluida la investigación.

Y por otro, esencial dirían algunos teóricos, el fundamento ético en el trabajo periodístico que busca informar de mejor manera la realidad; de base está el respeto de las personas en la búsqueda de la verdad.

Sin embargo, y en esto quiero hacer énfasis, este trabajo periodístico se lleva a cabo en un contexto social particular que lo determina y lo moldea.

Los medios informativos, al igual que otras instituciones como lo puede ser la iglesia o la educación e incluso la familia, no solo moldean sino además son moldeadas por la misma sociedad; se trata de un proceso interactivo, dinámico, sumamente complejo.

Por ejemplo, ¿cómo es posible entender que la iglesia en el Medievo llevara a la hoguera pioneros de la ciencia moderna, simplemente porque la concepción que se tenía de la ciencia, del mundo y del papel de la iglesia, no le posibilitaba a la institución entender otras cosas? 

De igual manera, ¿cómo entender, y esto hace poco tiempo, la igualdad entre los géneros y que el hombre no está por encima, ni es superior en nada a la mujer? O qué decir de los procesos educativos mucho más proactivos entre educandos y educadores, dejando de lado los principios de la fuerza que se resumía en aquella famosa frase: “la letra con sangre entra”.

Que los medios de comunicación desplegaran en sus espacios los cadáveres, que se explotara el amarillismo y el sensacionalismo, no solo es responsabilidad de los comunicadores sino también de una sociedad que pasaba por encima de las personas, insensible a la muerte y a la vida. 

No solo se trata de que los medios, incluso aquellos medios en particular, como suelen apuntar el dedo acusador algunos comunicadores, crearon un ambiente de violencia y terror; no nos equivoquemos, fue la misma sociedad, en su conjunto, la que generó este ambiente de muerte y destrucción.

Es obvio que los medios tienen una cuota de responsabilidad en este proceso, pero no nos equivoquemos y creamos que la violencia cotidiana que padece nuestra sociedad surge de ellos.

La sociedad y las diversas instituciones, en particular, han creado, incluso han fomentado, procesos que han llevado a una violencia cotidiana, donde no solo se irrespeta la ley y las normas mínimas de convivencia, sino además se atenta contra la vida de otros.

Con qué facilidad se mata en este país: hay más de una decena de muertes violentas cada día; estos son datos extremos, pero podemos citar la falta de cortesía de unos para con otros, el irrespeto a los derechos de los demás, la intolerancia generalizada.

Las mismas instituciones que deberían velar por la legalidad y el estado de derecho, han caído en el desgano y son incapaces de hacer valer la ley.

En este sentido, nos parece interesante que los medios de comunicación ante la sociedad salvadoreña se hayan comprometido a realizar un trabajo informativo más profesional; esto está bien y hay que alabarlo, pero la tarea es mucho más grande porque se trata de que como medios cumplamos nuestra labor y que cada vez lo hagamos con mayor prestancia para que la libertad de expresión sea una realidad, que la población esté mucho más y mejor informada, que la labor de fiscalización en las instituciones y en general los procesos sociales, sean investigados para que la gente los conozca a fondo y pueda tener una mejor valoración de ellos.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com