Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Realidad diferente a las fotos

La razón por la que medios están hablando de El Salvador específicamente, no es por el virus sino por la recomendación de las autoridades salvadoreñas a las mujeres de “no embarazarse en dos años”.

Hay ciertas cosas en la vida que simplemente son tan bonitas, que no existen pixeles en el mundo para que una cámara sea capaz de hacerles justicia. Es la conclusión con la que me resigno, al ver los resultados mediocres de tantos intentos fallidos de capturar al sol, escondiéndose en el Pacífico. La foto queda bien, pero no le hace justicia a la realidad. Lo mismo es cierto con las fotos de cielos estrellados, o (sin ánimos de faltarle a la verdad) de un plato gigante de tacos al pastor.

Lo opuesto también puede ser cierto. Así como hay bellezas en la vida real cuya complejidad escapa a una cámara, existen objetos que al ser fotografiados se ven mucho mejor de lo que en realidad son. En mi caso, considero parte de esta categoría a la nieve, tan blanca y pacífica cubriendo todo a su paso. En las fotos, donde se ve tan espectacular, no se aprecia la verdad completa, como por ejemplo, que luego de minutos la nieve en las ciudades se vuelve sucia y su mera existencia lleva amarrada como consecuencia monumentales esfuerzos de limpieza y más de un accidente.
 
Hablar del país, con cada nueva “plaga” que nos cae encima, se está pareciendo cada vez más a las fotos en las que la imagen se ve mejor que la realidad. Y quizás no es regla general, pero en mi caso, cuando hablo del país estando afuera, sucede un fenómeno curioso: es como si el espíritu de un mini-agente de PROESA me poseyera y cualquier conversación que hubiera empezado con la inocente pregunta sobre mi lugar de procedencia, se convierte en un anuncio estilo Banco Agrícola, donde si no fuera por las normas sociales de convivencia que dictan prudencia y decencia en las interacciones humanas, terminaría imitando el “chisporroteo de los yunques” y declamando sonetos sobre soberbios volcanes y apacibles lagos.

Las coloridas descripciones y las odas a la gente trabajadora y sonriente que antes pintaba con orgullo ahora son interrumpidas con frecuencia por los interlocutores, pues a cualquiera que lee las noticias, no se le ha escapado que El Salvador está pasando por una crisis que parece pirateada del Antiguo Testamento. En el bingo de las plagas estamos bastante cerca de llenar el cartón: estamos entre los más violentos del mundo, el crecimiento económico y la inversión están en los niveles más bajos comparados con el resto de Latino América, y ahora, el zika nos ha puesto en el mapa por las peores razones.

El Salvador no es el único país afectado por el zika. Estados Unidos ya se encontró con diagnósticos del virus en Hawaii. La razón por la que medios, que van desde el amarillismo de al Rojo Vivo al profesionalismo del New York Times, están hablando de El Salvador específicamente, con tonos que van desde el asombro a la ridiculización, no es por el virus sino por la recomendación de las autoridades salvadoreñas a las mujeres de “no embarazarse en dos años”. De estar vivo, Gabriel García Márquez los acusaría de plagio, pues la recomendación parece algo que recomendarían en Macondo y no la estrategia propia de autoridades de salud lidiando con temas de política pública. La recomendación, tan absurda como inapropiada, es el equivalente a que, ante amenazas de actividad sísmica, le recomienden a la gente no vivir en casas para evitar tragedias.
 
¿Cuántas plagas más, como dice Paolo Luers, enfrentaremos con la estrategia de “sobrevivirlas” en vez de solucionarlas? Mientras nuestras autoridades sigan pensando que las cosas se ven como en las fotos, posiblemente nos espere un largo camino.
 


*Lic. en derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.
@crislopezg