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La realidad del SitramssLa realidad del Sitramss

El Sitramss ha atraído mucha atención negativa desde que comenzó a construirse hace muchos meses. Dicha atención se ha centrado principalmente en las gigantescas congestiones de tráfico que su construcción ha generado y en los atrasos que dicha construcción ha sufrido con respecto a su programa original, como si una vez construido el proyecto fuera a funcionar según lo planeado, resolviendo el congestionamiento excesivo del tráfico de la ciudad, o al menos reduciéndolo sustancialmente. Esto, desgraciadamente, no parece que va a ser así. Todo indica que en vez de mejorar el problema lo va a empeorar.

El proyecto está diseñado de tal forma que tiene cuatro efectos simultáneos en el tráfico, uno positivo y tres negativos. El positivo es que supuestamente nuevos buses articulados van a circular por carriles exclusivos para ellos, lo cual les permitirá ir a mayor velocidad evitando el tráfico de la ciudad a pesar de pasar en medio de ella. El primero de los negativos es que para lograr ganar estos dos carriles exclusivos se han tenido que eliminar dos carriles que permitían la pasada de carros, buses, motocicletas y bicicletas. De esta forma, a la supuesta ganancia que la circulación sin impedimentos de los nuevos buses daría al tráfico, hay que restarle la pérdida de la circulación de los otros vehículos que ya no pasarán.

El segundo de los efectos negativos es que al quitársele dos carriles a las vías por las que el Sitramss va a pasar dejará sólo un carril de ida y uno de vuelta en toda su extensión, lo cual no sólo tendrá un efecto de embudo al convertir el tráfico en una fila india sino que además creará gigantescos atoramientos cada vez que un carro se quede o haya un pequeño accidente.

El tercer efecto negativo se dará en el sentido perpendicular al Sitramss, de norte a sur y al revés. Para que el Sitramss no se vea atrasado por el tráfico normal tendrá una preferencia para pasar sin detenerse en las intersecciones, o al menos en algunas de ellas. Esto creará congestión en el tráfico perpendicular al Sitramss que no existiría si éste no existiera.

Por estas razones, la ganancia del sistema en términos de personas transportadas no será igual a lo que transporten los buses nuevos, sino a esta cifra menos lo que los dos carriles del sistema podrían transportar en otros buses, carros, motocicletas y bicicletas; menos el atraso que siempre significa el ponerse en fila india para pasar por un lugar, menos los frecuentes atrasos por grandes congestiones causadas por accidentes y carros descompuestos en esa fila india, y menos las congestiones causadas en el sentido norte-sur por los privilegios dados a los buses del nuevo sistema.

Lo más probable es que el resultado neto de esta suma de ganancias y pérdidas sea negativo, es decir, que el sistema cause más tráfico que el que elimina. Las grandes trabazones que se han generado durante la construcción del sistema sugieren que este va a ser el caso, especialmente por todas las que se han dado por accidentes o por carros quedados en el tráfico en fila india. La experiencia ha sido que en estos casos las trabazones rápidamente alcanzan muchas cuadras y hasta kilómetros y que duran por decenas de minutos sino por horas. Estas no mejorarán y en realidad empeorarán al comenzar a funcionar el Sitramss.

El mal diseño del sistema da la impresión de que lo que el Ministerio de Obras Públicas ha buscado es generar trabazones enormes para forzar a la gente a usar los buses del nuevo sistema, olvidando que el objetivo debería ser la reducción del congestionamiento total. La ciudad va a perder mucho si los buses del Sitramss van llenos pero el tráfico es peor que antes. Si esto sucede, y lo probable es que suceda, será necesario demoler el Sitramss. Todo el costo del sistema y todos los atrasos y daños económicos de su construcción habrían sido asumidos en vano. Pero peor sería dejar a la ciudad con más congestionamiento.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.