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Ramón Rato en el recuerdo

Se acaba de cumplir un año del fallecimiento de Ramón Rato Figaredo, miembro de una ilustre familia española de tradición empresarial y esposo de Felicidad Salazar-Simpson, Presidenta de la Fundación Padre Arrupe y "alma" del Colegio Español del mismo nombre en el municipio de Soyapango. Colegio extraordinario creado por el visionario sacerdote jesuita Juan Ricardo Salazar-Simpson e impulsado por un sólido y generoso grupo de ciudadanos salvadoreños y españoles, comprometidos con el desarrollo de El Salvador a través del apoyo a la educación y la cultura.

Hijo primogénito del empresario Ramón Rato y Rodríguez San Pedro, realizó estudios en Madrid y París antes de incorporarse, a mediados de los 60, a la administración de los negocios familiares, entre los que destacaba la Cadena Rato, vendida en 1990 a la ONCE y origen de la actual Onda Cero. En 1966 se casó con Felicidad Salazar-Simpson con la que procreó cuatro hijos. También tuvo en su vida una notable faceta política, que abarcó desde su cercanía y apoyo a la restauración de la monarquía en España, hasta su activa colaboración con Alianza Popular primero y luego con el Partido Popular, formaciones en las que destacaría de manera singular su hermano Rodrigo Rato, que siempre contó con su apoyo y su consejo.

Yo le conocí a los pocos días de ser designado Embajador en El Salvador a finales de 2004. Tras entrevistarme con su esposa Felicidad, Ramón y ella organizaron una cena con los embajadores salvadoreños en Madrid. Al poco de llegar a San Salvador también prepararon diversos encuentros que nos permitieron conocer a muchos de sus amigos, colaboradores de la Fundación, y a miembros relevantes de la sociedad salvadoreña. Siempre he agradecido esa generosidad que nos demostraron al compartir con mi mujer y conmigo sus amistades, algo que no es muy frecuente.

Ramón Rato era un hombre generoso, alegre, divertido, amigo de sus amigos, comprometido con su país y con su familia. Pero sobre todo y por encima de todo era un hombre bueno. Era ésta su característica más acusada. A lo largo de toda su vida Ramón demostró ser siempre un hombre tolerante, abierto al diálogo, creador de puentes, generador de consensos y de entendimientos. Lo fue en su trabajo, en su familia y en sus compromisos ciudadanos, como el que asumió en el seno de la Fundación Padre Arrupe.

Tenía además Ramón muy buen carácter. Nunca le vi enfadado, siempre estaba de buen humor. Y amaba la vida y todas las buenas y bellas cosas que hay en ella.

Era también un hombre discreto y humilde, alejado de protagonismos y reconocimientos, y un padre ejemplar, como atestiguan su esposa y sus hijos. Amaba profundamente a España y se implicó en la vida económica y política española en momentos especialmente relevantes de la historia de su país.

El recuerdo de su bonhomía y buen humor permanecerá siempre con nosotros. Y sabemos que desde donde ahora se encuentra continuará velando y preocupándose por el presente y el futuro del Colegio España Padre Arrupe de Soyapango y de los muchachos y muchachas que allí estudian para contribuir el día de mañana a construir una sociedad más próspera y más solidaria.

¡Qué pena que se haya ido tan pronto! Su carácter dialogante y tolerante, su inclinación al diálogo y al acuerdo, su facilidad para tender puentes y evitar enfrentamientos serían de gran utilidad en la presente coyuntura histórica tanto para España, su Patria, como para El Salvador, el país que tanto amó.

*Embajador de España ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

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