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Raíces de Europa

De Europa y también de la América hispana y de la anglosajona porque todas se deben en su mejor parte a la civilización cristiana-occidental. Voy en este artículo a glosar algunos conceptos que aparecen en el libro Raíces cristianas de Europa del profesor Luis Suárez, catedrático de Historia medieval de la Universidad Autónoma de Madrid. 

Es un nuevo esfuerzo para desterrar la ignorancia, o la falsedad intencionada, de los que creen que la civilización europea comienza con los Ilustrados del Siglo XVIII o, al menos, con el Renacimiento, dejando todos los siglos anteriores, desde la caída del Imperio Romano hasta el Siglo XIV en la presunta oscuridad medieval.

"La idea de que el Imperio Romano --dice Suárez-- sucumbió ante una invasión de pueblos germánicos, los bárbaros, ha sido desechada hace mucho tiempo por los historiadores". Solo desapareció la mitad occidental de ese Imperio pues Constantinopla, la capital de la mitad oriental perduró hasta 1453. Y desapareció por una aguda crisis demográfica --morían más que los que nacían-- debida a una degeneración moral muy semejante, aunque no tan exacerbada, como la que ahora trata de inculcarnos la cultura de la muerte. Primero los bárbaros fueron soldados; después pueblos enteros de ellos pasaron al ejército imperial y al final, generales bárbaros dieron golpes de Estado y el Imperio desapareció. Aparecieron naciones: Gran Bretaña dividida en siete reinos y Germania formada por cierto número de principados. Desde el Siglo VII se comenzó a llamar Europa a este conjunto pero el término prosperó poco y se prefirió hablar de Christianitas o de Universitas christiana.

"En este mundo confuso y revuelto, la Iglesia católica conservó su vitalidad y esto fue altamente beneficiosos para los sectores sociales más pobres. En las ciudades, los obispos asumieron las responsabilidades de la ayuda, la beneficencia y el gobierno que nadie ejercía". Aunque los monarcas trataban de utilizar a la Iglesia para sus fines, sin embargo "ningún rey podía legislar en contra de las normas morales de la Iglesia".

Hay que advertir que "el cristianismo, entendido como norma de vida y norma rigurosa para la conducta --dice Suárez-- eran tan solo patrimonio de una minoría. La casi totalidad de los europeos vivían, en los siglos VI a X, inmersos en la violencia y la concupiscencia, habiendo recibido apenas un barniz de doctrina que, frecuentemente se mezclaba con ancestrales supersticiones. Durante muchos siglos, la Iglesia hubo de dedicar todas sus energías en la educación de los fieles". Pero aparecieron los monjes, los que para vivir plenamente una vida cristiana lo hacían apartándose de ese mundo violento. 

A principios del Siglo V apareció el primero de los gigantes fundadores de Europa, San Benito de Nursia (480-547). Él fue capaz de ofrecer una síntesis completa de todos los valores que se venían platicando. El monaquismo mostró un modo de vida formado por un ritmo en tres tiempos: oración, trabajo y descanso. Pero si a San Benito se le puede llamar con justicia padre de Europa no es solo por sus valores religiosos sino porque los monasterios se organizaron también como explotaciones agrícolas modelos. Ellos fueron enseñando a los campesinos a cultivar la tierra con sabiduría y esmero y a que vieran el trabajo agrícola y mecánico, no como algo indigno, sino como actividades dignas, como un ejercicio de virtud. "Mostraron a los fieles cristianos que su propio ritmo de vida, oración trabajo y descanso, era aplicable a todos, con las debidas adaptaciones, porque el fin perseguido, la salvación eterna, tenía un valor universal". 

Después vendría, con Cassiodoro, el estudio de las siete artes liberales: Gramática, Retórica y Dialéctica, Aritmética, Geometría, Astronomía y Música. Y aparecen las bibliotecas monásticas y los Scriptorium para la copia de manuscritos. "De este modo --señala Suárez-- pudo sobrevivir una parte muy considerables del saber antiguo. Sin los monjes, loes resultados de la cultura clásica se habrían perdido".

Sí, fue la Iglesia Católica la que creó la civilización europea que, ahora, el mal llamado Nuevo Orden Mundial pretende destruir.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com