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¿Quo vadis Centro América?

El Salvador ganará con una Centroamérica unificada. Si el presidente ignora esta oportunidad, el país se irá marginalizando en la región

Una pequeña ventana de oportunidad está abierta para que nuestro pequeño país haga notar su impulso y su impronta en un proceso que no es circunstancial para el futuro de los salvadoreños. El pasado junio, en Antigua Guatemala, el presidente Salvador Sánchez Cerén recibió la Presidencia Pro Témpore del Sistema de Integración Centroamericano (SICA) de manos de su homólogo guatemalteco, Otto Pérez Molina. La responsabilidad de liderar el proceso de nuestra integración regional le corresponderá a El Salvador hasta el próximo 31 de diciembre. 

Los próximos cuatro meses que tiene el presidente de El Salvador para demostrar su liderazgo regional no deben relegarse a nuestra larga historia de oportunidades perdidas, de prioridades relegadas o de energías desviadas hacia otros objetivos. Es verdad que nuestra situación interna parece actuar con la atracción peligrosa de un auténtico agujero negro, que no sólo devora nuestras energías y escasos recursos, sino también la racionalidad, el civismo y la visión política. Aun así, ¿por qué no podrá el actual Gobierno justificar con la excusa de dificultades internas un fracaso en este campo? Porque todas nuestras desgracias nacionales en la actualidad deben pasar por estrategias de cooperación regional para entrar en verdaderas vías de solución.

Sin olvidar un tema tan relevante como la migración, ofrezco tres ejemplos.

Economía. Nuestro país tiene la vocación de convertirse en un centro logístico y comercial, tanto a escala regional como internacional. El hecho de ser el único país del Istmo con acceso a un solo océano no debería ser visto como una desventaja. Más bien, nos debería motivar hacia una política agresiva e innovadora en temas de fronteras, conectividad y burocracia aduanera. ¿Por qué, entonces, seguimos poniendo trabas a la unión fronteriza con los vecinos del Triángulo Norte? ¿Y  por qué nuestros grandes proyectos logísticos siguen, a falta de profundidad territorial y liderazgo político eficaz, sin despegar, empantanados o vivos sólo en el papel o en la mente de algunos visionarios? Si existe un compromiso real para luchar contra la pobreza, la manera más eficaz de hacerlo es creando trabajo y oportunidades para crecer, crear y comerciar. El efecto multiplicador de la integración económica centroamericana es ineludible para que nuestro país salga del impasse económico.

Política. Una ola cívica --no un fantasma-- recorre Centroamérica. Una ola que impulsa la lucha contra la impunidad, la falta de transparencia y la corrupción. Guatemala, Honduras, Panamá y El Salvador son países en los que la ciudadanía exige cambios profundos en la vida pública, y consecuencias, no solo políticas sino también penales, para los corruptos. ¿Cómo responden nuestros políticos? Se entrampan en debates sobre respuestas nacionales, mientras se muestran incapaces en dar un enfoque regional y coordinado a la lucha contra la corrupción en nuestra región. 

Seguridad pública. Comencemos por reconocer que la inseguridad no es un “mal salvadoreño”, sino que está presente en Honduras y Guatemala. El verdadero mal es que insistimos en buscar una solución nacional a un problema que rebasa nuestras fronteras. Las iniciativas locales son necesarias pero insuficientes si ignoran el ámbito regional de este fenómeno. ¿Por qué si tenemos una Estrategia de Seguridad Centroamericana (ESCA) --uno de los principales programas del  SICA-- alguien tiene que venir de “afuera” para “alentarnos” a tomar medidas regionales? ¿Acaso no es esto lo que representa la propuesta de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, lanzada por Washington --Thank you very much!-- y rápidamente aceptada por los interesados? Mientras tanto, nuestras respectivas policías, fiscalías y judicaturas, parecieran estar actuando de espaldas unas a otras.

El Salvador ganará con una Centroamérica unificada. Si el presidente ignora esta oportunidad, el país se irá marginalizando en la región. Como ciudadanos, y junto a nuestros mandatarios electos, debemos hacer una prioridad de la creación de una “ciudadanía” centroamericana y conseguir que, en un futuro próximo, el sueño de Morazán deje de ser una utopía y se convierta en una realidad de prosperidad, libertad y respeto.

*Columnista. Expresidenta del FISDL, Másteres en Economía, Vanderbilt University, y en Política Social, K.U. Leuven.