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Quitemos el freno

En las últimas semanas he conversado con innumerables empresarios, ejecutivos, gerentes, economistas del país, para saber cómo ven la posibilidad del país de recuperar el camino del crecimiento y de la generación de empleos y oportunidades. Los resultados de estas consultas son mucho más alentadoras que lo que normalmente se expresa en la opinión pública, que uno percibe en la calle, en las pláticas de cafetín y tengo que agregar en los medios de comunicación. Aplica un dicho de mi madre: "No dejen que las lágrimas les nublen la vista y ya no vean el camino..." Mucho se está llorando en El Salvador, porque de hecho hay mucha razón de lamentarse, pero existe el peligro de que nos agarre un pesimismo que nos impida ver qué es lo que hay que hacer para volver a crecer.

Sin embargo, entrando en serio en el problema, resulta que los que manejan nuestra vida productiva y comercial --tanto las pequeñas, medianas y las grandes empresas-- tienen la visión muy clara. No la tienen nublada de lágrimas.

El denominador común: Si nos quitan los frenos, nosotros estamos listos para arrancar.

El freno, en resumida cuentas, se llama mal gobierno. Para ser más concreto: un gobierno que gasta mucho, pero sin definir prioridades; que no define bien las reglas jurídicas para la economía, sino los pone en juego y en duda; que no paga a tiempo a sus proveedores privados y así los mete en crisis de liquidez; que en vez de modernizarse aumenta la tramitología; que como gobierno entra en crisis fiscal y de liquidez...

Uno podría decir: Bueno, pero este mal gobierno ya se va, en 128 días Funes sale de Casa Presidencial. El problema agravante es que el FMLN, que según todas las encuestas tiene posibilidades reales de ganar las elecciones y seguir gobernando, promete "profundizar y hacer irreversibles los cambios". Lo que todos entendemos como la amenaza de al fin producir aquellos cambios que gobernando junto con Funes y sus amigos no han podido hacer en la profundidad y radicalidad que el partido deseaba: la afiliación de El Salvador al ALBA; la remoción de los contrapesos y mecanismos de control que hasta ahora garantizan que se mantengan intactos la democracia representativa y el sistema republicano de la alternancia y la división de poderes; una reforma fiscal que castiga el éxito empresarial y así la inversión; la ampliación de una economía paralela (tipo ALBA), donde se mezclan partido y sociedades anónimas con un Estado controlado por el mismo partido; aumento de las subvenciones para consolidar una base electoral de pobres que dependen del Estado, del partido y de ALBA...

Entonces, un mal gobierno que le ha metido freno a nuestra economía; combinado con un partido que promete en los próximos 5 años profundizar y hacer irreversibles estos frenos, esto es lo que los propietarios y los administradores de nuestras empresas ven. En toda la campaña electoral de casi dos años no se ha escuchado, por parte del FMLN, ninguna crítica al gobierno de Funes ni a ninguna de sus políticas públicas. Sólo repite y repite que lo producido en estos 5 años son "buenos cambios" y que hay que continuarlos, profundizarlos y hacerlos irreversibles.

Pero al tener claridad sobre todo esto, casi de manera automática se adquiere claridad sobre lo que hay que hacer. Si el freno está bloqueando la marcha, hay que quitar el freno. Lo que realmente tenemos no es un mal vehículo, nuestra economía no está quebrada ni ha llegado al límite de su potencial. Nuestro problema no es el vehículo, sino el conductor que confunde acelerador, "clutch" y freno. Y nuestro problema aún más grave es que este mal conductor quiere entregar el carro a otro conductor aún peor, a un hombre que apoya incondicionalmente a los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

La receta para recuperar la marcha de la economía es tan fácil que algunos no la perciben: quitar el freno. El sector privado salvadoreño tiene la fuerza y las reservas para recuperar el crecimiento. Obviamente, va a necesitar más que quitar el freno: urge echarle combustible e innovación. Y para esto necesitará el apoyo del próximo gobierno: inversiones en seguridad, paz social, educación, un sistema eficiente de salud, fomento de tecnología. Y liderazgo.

En los próximos días vamos a publicar varias de las pláticas con empresarios que me han llevado a estas conclusiones. Y al optimismo.

*Columnista de El Diario de Hoy.